Muestras obtenidas son similares, desde el punto de vista químico, a lo emanado por las fumarolas

Por: Michelle Soto 24 marzo
Aparte de gases, los geoquímicos de Ovsicori y la Red Sismológica Nacional toman muestras acuosas de lagos cratéricos y lluvia ácida, entre otros.
Aparte de gases, los geoquímicos de Ovsicori y la Red Sismológica Nacional toman muestras acuosas de lagos cratéricos y lluvia ácida, entre otros.

Los investigadores del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) utilizan la lluvia ácida producida por el Turrialba como método de vigilancia volcánica.

"La lluvia ácida nos brinda información indirecta de cómo ha ido evolucionando la desgasificación del volcán", dijo María Martínez, geoquímica del Ovsicori.

En otras palabras, la geoquímica de gases (que incluye el análisis de lluvia ácida) indica el proceso de ascenso del magma (lo cual se relaciona con la desgasificación).

Por esa razón, Martínez presta atención a los perfiles de azufre y cloro, así como de azufre y flúor, de la lluvia ácida recolectada en los alrededores de este volcán y los compara con los perfiles de los gases fumarólicos tomados en el cráter. La similitud entre ambos denota que allí está pasando algo.

En este período eruptivo, que se inició en el 2010 y se mantiene hasta la actualidad, los datos de lluvia ácida complementan y robustecen el método tradicional de monitoreo empleado por los investigadores, que consiste en ir a tomar una muestra directamente a las fumarolas del volcán.

¿Cómo se recolecta la muestra?

Para recolectar la lluvia ácida, los geoquímicos colocan una serie de botellas atadas a un poste, el cual las eleva dos metros del suelo. Cada botella cuenta con un embudo recubierto con cedazo, que evita el ingreso de hojas, piedras y otros materiales que pueden contaminar la muestra.

El agua llovida se recolecta cada 15 días y se analiza en un cromatógrafo, instrumento que permite separar químicamente una muestra acuosa o gaseosa para conocer su composición.

En el caso de la lluvia ácida derivada de la actividad del Turrialba, esta tiene un potencial hidrógeno (pH) entre 3 y 4. "Esas lluvias son tan ácidas que resultan corrosivas", especificó Martínez.

Con respecto a los impactos, las disoluciones ácidas que se precipitan pueden disolver componentes en el suelo que naturalmente estarían insolubles. Ese es el caso del aluminio, el cual puede ser disuelto y arrastrado por la lluvia hasta ríos o quebradas e incluso ser absorbido por las plantas a través de sus raíces.

Sin embargo, Ovsicori no realiza estudios para conocer cómo modifica la lluvia ácida la química de suelos, su impacto en la vegetación o en la salud animal y humana. De hecho, Martínez invita a estudiantes de diversas carreras a incursionar en este campo.

Para recolectar gases, los investigadores insertan un tubo de titanio en la fumarola y a este se ata una tubería de teflón que es inerte. Esa tubería es la que se conecta a la botella de Giggenbach que posee una disolución de hidróxido de sodio.
Para recolectar gases, los investigadores insertan un tubo de titanio en la fumarola y a este se ata una tubería de teflón que es inerte. Esa tubería es la que se conecta a la botella de Giggenbach que posee una disolución de hidróxido de sodio.
Delatores

Los gases fueron los primeros en delatar al Turrialba. Desde 1996, los vulcanólogos empezaron a notar cambios en la actividad fumarólica del coloso y esas constituyeron las primeras señales de su despertar.

"En el caso del volcán Turrialba, las proporciones entre las concentraciones de dióxido de azufre, sulfuro de hidrógeno y dióxido de carbono aumentaron, y pasó de estar en una etapa hidrotermal magmática a dominancia magmática", se lee en el estudio realizado por investigadores de la Universidad de Costa Rica (UCR) y el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia (INGV), publicado en la Revista Geológica de América Central, en el 2015.

Hoy, y según los estudios geoquímicos realizados por Ovsicori, se sabe que el origen de los gases que están alimentando la actividad del volcán es profundo: estos vienen del manto.

Según Martínez, a inicios de la década del 2000, ese magma proveniente del manto logró romper la roca y ascender a niveles más superficiales.

"Ese volumen de magma fresco provino de lo profundo. Eso es lo que explica la evolución en la química de gases observada desde 1996 hasta el presente", comentó Martínez.

Eso sí, los análisis petrológicos indican que el magma eruptado en este periodo eruptivo -mayormente en forma de ceniza- posee la misma composición química del emanado hace 150 años.

¿Será el mismo magma que no logró salir entre 1864 y 1866, y ahora lo está consiguiendo? ¿O será que es magma nuevo que se está comportando igual? ¿O efectivamente es el mismo pulso de magma que ascendió desde el manto y ha estado guardado en diferentes cámaras magmáticas?

Todas son preguntas pendientes de respuesta.

"Lo cierto es que esa discusión, de si el magma es de la misma composición o no del de hace 150 años, y si las cantidades que estamos viendo hoy son similares a las de 1864, es importante desde la expectativa de cómo va a culminar el Turrialba este ciclo eruptivo. ¿Va a ser similar a hace 150 años? ¿O podríamos esperar erupciones más grandes a las vistas en este momento o no?", concluyó Martínez.