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Por fin se casó el príncipe solterón

<BOLD>A los 53 años, </BOLD>Alberto de Mónaco<BOLD> juró fidelidad ayer a su novia sudafricana, ante 850 invitados y una multitud de observadores</BOLD>

Conocido por ser el eterno soltero de la realeza pero con gran fama de mujeriego, el príncipe de Mónaco Alberto II –de 53 años– se convirtió el viernes ante la ley y ayer ante la Iglesia Católica en un hombre casado, al jurarle fidelidad a la excampeona olímpica Charlene Wittstock, de 33 años de edad.

El monarca de uno de los principados más pequeños del mundo, que juró respetar a la sudafricana “en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad”, había evadido por mucho tiempo el matrimonio, tanto que muchos monegascos estaban resignados a que tendrían un príncipe solterón para siempre.

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