
Cuando llega la jubilación, el mundo suele cambiar de golpe. Se apagan rutinas como los días de oficina y el silencio del hogar puede volverse abrumador.
Eso fue precisamente lo que motivó al escritor costarricense Mario Valverde para crear, en 2017, un espacio donde la vejez no fuera vista como un punto final, sino como el inicio de una etapa de plenitud creativa: talleres de escritura y lectura pensados por y para personas adultas mayores.
En el Día Internacional de las Personas Adultas Mayores, este 1°. de octubre, el proyecto liderado por Valverde se ha consolidado como una comunidad de más de 50 autores en todo el país.
La iniciativa se desarrolla a través de tres frentes: el Programa Integral para la Persona Adulta Mayor (PIAM) de la Universidad de Costa Rica (UCR), un taller virtual de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y la Asociación de Médicos Jubilados.
Para Valverde, quien también vivió el proceso de jubilación en 2015, la urgencia de estos espacios radica en la necesidad de rehacer la red social que se pierde al dejar el mercado laboral.
“Cuando uno se jubila, tiene una vida social que de pronto ya no está y tiende a fugarse en la casa. Lo que le queda a uno es la familia, pero hay que empezar a abrir puertas y hacer nuevos grupos. Esto se convierte en una tribu: esa parte social que se pierde se recupera aquí. Llegan, se saludan, se dicen bromas y comparten la vida”, reflexiona Valverde.

El método de trabajo huye de las clases magistrales rígidas. Aunque leen textos cortos, analizan recomendaciones y reciben la visita constante de destacados escritores y Premios Nacionales de Literatura, el motor principal es la propia voz de los participantes.
Según el escritor, no solo se trata de un club de lectura, pues se incentiva a la creación de microrelatos, poesía, cuentos e incluso novelas, cuidando con respeto elementos como el título, la construcción del personaje y el ritmo narrativo.
El impacto de este enfoque trasciende San José. Gracias a la modalidad virtual de la UNED, el taller reúne a participantes en comunidades como Golfito, Monteverde, Liberia, San Ramón y Atenas. Hasta la fecha, el impulso de estas reuniones ha derivado en la publicación independiente de más de 14 libros individuales y diversas antologías colectivas.

Textos e integrantes que marcaron al maestro
Entre las decenas de vivencias que se han tejido alrededor de la mesa, Valverde recuerda con especial conmoción el caso de una participante proveniente de un poblado rural de Cartago, cuyo recorrido vital encarna la esencia del proyecto.
Tras una infancia marcada por la pobreza, donde tuvo que caminar descalza y enfrentar la negativa familiar a que una mujer estudiara, la protagonista de esta historia logró migrar a la capital, formarse profesionalmente y cosechar décadas de vivencias.
Ya en su vejez, y ante los primeros signos de un deterioro cognitivo, el taller se propuso recopilar sus cuadernos y archivos para convertirlos en una obra impresa.
“Cuando el libro estuvo listo y se lo entregamos, la persona que la cuidaba me contó algo que nunca se me va a olvidar: me dijo que ella dormía con el libro, que lo abrazaba como a un niño y que la llamada le provocó una felicidad enorme. Editó unos 200 ejemplares y los regaló todos. Para la gente vieja, ver su vida impresa en papel es una forma de motivarse, de sentir que no son inútiles y de mantener una vejez activa a nivel intelectual”, aseguró el tico.
Además, según Valverde, en el PIAM de la UCR, se integró este semestre un estudiante no vidente de perfil altamente intelectual, quien desde la primera vez impactó a la agrupación.
“Él me dijo claramente: ‘Tratame como a los demás’. Y así es. Aquí no se trata de tener lástima ni de decir ‘pobrecito el adulto mayor’. Son independientes y muy críticos. Los invitados internacionales o Premios Nacionales que llevamos a veces creen que solo van a llegar a leer, pero se topan con un grupo sumamente pregunton y exigente”, enfatiza Valverde.

Un puente intergeneracional
Uno de los aspectos más innovadores de los talleres es su proyección hacia las aulas de secundaria. A través de encuentros intergeneracionales organizados en colegios de zonas como Atenas, Poás, Orotina, Chachagua y Palmares, los adultos mayores se desplazan para compartir sus textos cara a cara con estudiantes adolescentes.
El cruce quiebra prejuicios en ambas direcciones. En el sistema educativo la literatura suele estar ligada a la presión de los exámenes, por lo que el encuentro con los autores mayores despierta un entusiasmo inédito en los jóvenes, sin pensar en una nota.
“Ellos no creen que los viejos escribamos, ¡y no lo hacemos tan mal! Y a los muchachos también les encanta leer y escribir cuando se les da el espacio sin la presión de una prueba. Al final nos piden que volvamos, porque en los colegios casi no hay talleres de escritura creativa. Se crea un rescate mutuo precioso”, destaca Valverde.
De esta manera, en un entorno marcado por la prisa digital, los adultos mayores aportan una relación distinta con el tiempo. “A diferencia de la juventud, nosotros tenemos muy presente la inmediatez del horizonte. Saboreamos cada día, vivimos el día a día. Escribir nos permite meter el espacio en el tiempo y regalarle a la sociedad una lección de calma, escucha y memoria”, concluyó el escritor.
