
La hospitalización del emblemático doctor William Paer, de 92 años, también ha significado días de angustia, cansancio y cambios en la rutina para su hija, Jill Paer, quien ha procurado permanecer cerca de él desde que fue ingresado al Hospital San Juan de Dios.
William Paer permanece internado desde el lunes de la semana anterior, luego de que una infección urinaria derivara en un choque séptico. Aunque los primeros días fueron especialmente difíciles, Jill aseguró que su padre ha mostrado una mejoría paulatina y que incluso ya comenzó a levantarse, caminar con ayuda y comer mejor.
Para Jill, acompañarlo durante este proceso se ha convertido prácticamente en su nueva rutina.
“Yo vivo en el hospital ahorita. Y todo lo que hago en la casa es alistar para poder venir otra vez aquí”, contó en entrevista con La Nación.
La hija del doctor explicó que cuenta con un permiso especial para permanecer junto a él hasta las 9 p. m., aunque su permanencia también depende de las disposiciones del personal de enfermería.
“Dependo mucho de quien está a cargo, los enfermeros y las enfermeras”, relató.
Incluso, entre risas, contó que algunos días debe retirarse antes de lo previsto. “Hoy están de malas, entonces… me echaron”, dijo.
Jill aseguró que procura mantenerse tranquila y no interferir con el trabajo del personal, pero considera importante que su padre sienta su presencia.
“Yo estoy ahí muy calladita; más bien me escondo... hay una cortinita y trato de esconderme para que no me vean mucho”, explicó. “A mi papá nada más le gusta sentir mi presencia cerca y siento que eso también le ayuda a sentirse más seguro y a curarse”.

Jill Paer no se ha despegado de su padre
Durante estos días, además, Jill se ha encargado de llevarle comida a William, pues aseguró que a su padre no le gusta la alimentación del hospital y que durante un momento de la hospitalización llegó a comer muy poco.
“Él come bien. La verdad es que hoy fue el mejor día, porque ha comido tan poquito, tan poquito. Yo decía que se va a desaparecer este hombre”, contó.
La recuperación también ha requerido que Jill esté pendiente de que su padre no permanezca demasiado tiempo acostado. Después de varios días en cama, pidió que valoraran la posibilidad de que pudiera levantarse y caminar.
“Hace tres días, con la ayuda de los enfermeros, se paró, pudo caminar. Estaban asustados de que tal vez se iba a marear o algo, pero no, nada, estaba perfecto”, relató.
Desde entonces, William ha podido levantarse por pequeños períodos y caminar algunos metros. Jill asegura que ese cambio también le ha devuelto a su padre parte de su ánimo habitual.
Una muestra de ello ocurrió este lunes 21 de setiembre, cuando llegó al hospital y encontró a William vestido con pantalones.
“Le digo al enfermero: ‘¡Guau!, ¿tiene pantalones puestos hoy?’. Y me dice: ‘Él se los puso solo’”, recordó entre risas.
Para Jill, esa escena fue una señal de que su padre ya está pensando en regresar a casa.
La familia espera que, si la evolución continúa, los médicos puedan valorar en los próximos días la posibilidad de que William continúe su recuperación en casa. “No me garantizan nada todavía, pero en dos o tres días es posible y están valorando la posibilidad de que los cuidados los sigamos haciendo en la casa”, explicó.
Mientras tanto, Jill reconoce que el proceso ha sido agotador. Sus otras responsabilidades han quedado en pausa y, cuando debe atender algún asunto, eso significa madrugar y regresar al hospital hasta tarde.
“Viera que es súpercansado”, admitió.
Aun así, su principal preocupación continúa siendo que su padre se recupere y pueda regresar a su hogar. Según contó, William incluso le ha pedido que interceda para que le permitan salir.
“Mi papá me dice: ‘¡Tiene que abogar por mí, tiene que abogar por mí! ¡Que me quiero ir!”, contó Jill entre risas. “Entonces yo también quiero que se vaya”.
