Cultura

Lo que natura no da...

Evolución. La herencia genética y la epigenética parecen ser mecanismos complementarios durante la selección de las especies

Ilustración: Dominick Proestakis.
Ilustración: Dominick Proestakis.
Ilustración: Dominick Proestakis.

Es de vieja data el debate conocido como natura versus nurtura , que discute sobre qué cosas se deben a la herencia genética y cuáles son el producto del entorno ambiental y cultural. Ya en el año 350 a. C., Aristóteles alegaba que ciertas virtudes y algunos defectos, adquiridos mediante la experiencia, podían heredarse de padres a hijos por medio del semen, mientras que otros no se legaban, como las amputaciones.

El naturalista Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829), quien ejerció gran influencia sobre Charles Darwin (1809-1882), razonaba, 22 siglos después: “Las características por las que la especie humana y sus razas forman una familia distinta, son el resultado de hábitos adquiridos que han llegado a ser distintivos de su clase. Cuando, obligados por las circunstancias, los monos más desarrollados se acostumbraron a caminar erguidos, prosperaron sobre los otros animales. La ventaja que gozaban y las nuevas exigencias hacían cambiar su modo de vida, lo que daba lugar a la modificación gradual de su organización y a la adquisición de nuevas cualidades, entre ellas el maravilloso poder de la palabra”.

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