Cultura

El hechizo de Krishnamurti en Costa Rica

En 1935. Después del cierre de la Orden de la Estrella y alejado de la Sociedad Teosófica, el otrora líder mesiánico se reunió con teósofos locales en Puntarenas

Krishnamurti (en el centro) en Puntarenas, a bordo del vapor Santa Paula, de la Grace Line; el 6 de octubre de 1935. Entre otros, se aprecian: Juan Fernández, segundo a la izquierda, con anteojos; Benjamín Odio, segundo a la derecha, con corbatín. Tras Odio, con tan solo medio rostro, el poeta Rogelio Sotela.
Krishnamurti (en el centro) en Puntarenas, a bordo del vapor Santa Paula, de la Grace Line; el 6 de octubre de 1935. Entre otros, se aprecian: Juan Fernández, segundo a la izquierda, con anteojos; Benjamín Odio, segundo a la derecha, con corbatín. Tras Odio, con tan solo medio rostro, el poeta Rogelio Sotela.
Krishnamurti (en el centro) en Puntarenas, a bordo del vapor Santa Paula, de la Grace Line; el 6 de octubre de 1935. Entre otros, se aprecian: Juan Fernández, segundo a la izquierda, con anteojos; Benjamín Odio, segundo a la derecha, con corbatín. Tras Odio, con tan solo medio rostro, el poeta Rogelio Sotela.

El 6 de octubre de 1935 fue el día en que Krishnamurti tocó suelo costarricense, específicamente el de Puntarenas, en su viaje de retorno de Suramérica a California, en donde se había establecido desde tiempo atrás.

Había ganado fama mundial como mesías teosófico hacía 25 años, cuando, siendo apenas un adolescente, fuera “descubierto” en Adyar, India, por su futuro mentor C. W. Leadbeater como poseedor de un gran potencial espiritual, tanto como para ser el próximo maestro del mundo, a la usanza de Cristo o de Buda. Eran los años previos a la I Guerra Mundial, con un ambiente convulsionado, propicio para toda suerte de esperanzas y delirios, incluso entre los propios teósofos, que tras la muerte de su fundadora, Helena Blavatsky, en 1891, y el arribo de la carismática Annie Besant en 1907, se habían desviado de las líneas originales hacia formas más cristianizadas.

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