Cultura

El extraño "sesgo de los supervivientes"

Falsos motivos. No solemos profundizar en la causas reales de los éxitos o los fracasos

Ilustración imaginaria  del YEE, un automóvil volador diseñado por estudiantes de la Universidad Tecnológica del Sur de China. Solo llevaría  ruedas metálicas traseras, que se convertirían en hélices.
Ilustración imaginaria del YEE, un automóvil volador diseñado por estudiantes de la Universidad Tecnológica del Sur de China. Solo llevaría ruedas metálicas traseras, que se convertirían en hélices.

Edgardo Moreno emoreno@racsa.co.cr

Durante la Segunda Guerra Mundial, los militares aliados deseaban que los aviones fueran más resistentes a los ataques de los enemigos. Para ello, planearon reforzar las alas, la mitad del fuselaje y la sección artillera trasera pues estos eran los sitios donde había más orificios de bala en los aviones que lograban aterrizar.

Dichosamente, el matemático húngaro Abraham Wald previno lo que hubiera sido un error fatal para los aliados. Mediante una lógica sencilla, Wald dedujo que los aviones que habían recibido impactos en esos tres sitios, eran precisamente los que habían logrado aterrizar a salvo. Por tanto, los aviones derribados y que nunca volvieron, eran los que habían sufrido daños en otros lugares del fuselaje. En consecuencia, fueron esos otros lugares, y no los sugeridos por los militares, los que fueron reforzados. Se salvaron así muchas vidas.

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