Cultura

De Jules Florencio a Julio Cortázar

Julio Cortázar comenzó llamándose “Jules Florencio Cortázar”, según consta en el acta de nacimiento del escritor, quien, por entonces, carecía del arte de la palabra y, más aún, de personería jurídica ya que, para exigir el cambio de nombres, Jules Florencio debería presentarse con estos apelativos, que ningún juez tomaría en serio, de modo que el juez aprobaría el acta en el acto, y Jules Florencio habría debido trocar su vocación literaria (que no tenía) por el ejercicio del comercio de las flores: oficio noble si los hay, pero algo alejado del mundo de las letras, dentro del cual el comerciante Jules Florencio apenas hubiera logrado menciones terceras de poesía asonetada en juegos florales.

El inferimiento –o como se diga mejor– de aquellos nombres contra un niño indefenso es lo que nos hace reflexionar sobre la importancia de contar con libros de nombres para niños para padres para bautizos para evitar graves problemas al infante cuando deba usar puños en la escuela cada vez que pasen lista.

Con nombres como esos, los chicos resultan poetas, barbudos, incómodos; o sea, contestatarios; es decir, esa gente que contesta las preguntas que nadie quiere hacer.

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