William Venegas. 30 agosto
La simpatía que genera la jovencita actriz Isabela Moner es el punto más alto de la película. Ella resguarda muy bien la historia narrada.
La simpatía que genera la jovencita actriz Isabela Moner es el punto más alto de la película. Ella resguarda muy bien la historia narrada.

Con actores reales, nos llega una película que antes fue delicia para la niñez gracias al dibujo animado. Se trata del filme titulado Dora y la ciudad perdida (2019), dirigida por James Bobin, quien más bien desaprovecha el buen material, incapaz de lograr una mejor puesta en imágenes con la sabrosa aventura que le ofrece el guion.

La trama nos muestra a la niña que conocemos como Dora, quien no solo se adentra en su habitual mundo de aventuras a lo Indiana Jones o a lo Lara Croft, hija de arqueólogos al fin y al cabo, sino que también la vemos en su paso a la adolescencia y en su enfrentamiento a otra selva: la ciudad moderna y la escolaridad actual.

La simpatía que genera la jovencita actriz Isabela Moner es una salvada para la película y ella resguarda muy bien la historia narrada, porque nos hace del todo creíble su personaje de Dora, sea en la aventura allá tras un tesoro inca o también en la escuela, donde ella es la muchachita extraña para los jóvenes “comunes” con quienes comparte estudios.

Desde allí, se plantea el interesante dilema acerca de qué es lo normal en la conducta humana, por lo que la película toma partido y nos acerca a los supuestos sinsentidos de Dora (como sucedía en el dibujo animado original; en este filme, dicho animado se recrea durante una graciosa secuencia, para luego volver a los actores reales: ¡bien!).

Por supuesto que aparecen los personajes que acompañan a Dora en los dibujos animados, como el zorro pilluelo y el monito Botas (bien logrado por la animación y gracias al buen trabajo con la voz de Danny Trejo, el popular Machete del cine).

Los defectos de la puesta en imágenes son más evidentes cuanto más se hace uso de los efectos visuales, al punto que, incluso, le hacen perder coherencia interna a la trama. Los errores escénicos son los de un director principiante o incapaz (pareciera que aquí va por lo segundo).

En lo conceptual, este filme mantiene el afán didáctico de la serie televisiva, esta vez orientado a comprender esa etapa de la vida donde la persona queda expuesta al peligro y en situación de fragilidad, según una metáfora de la psicoanalista francesa Françoise Doltó: como el langostino de mar que pierde su caparazón en cierto momento de su desarrollo.

Los nuevos amigos de Dora son jóvenes considerados “raros”, según los criterios del mundo adolescente; sin embargo, serán los conocimientos y las características de ellos una garantía para sobrevivir en esta aventura. Igual sucede con Dora: la película es un llamado a aceptar ese niño inquieto y alegre e integrarlo a una nueva etapa vital.

Aparte de las torpezas escénicas, las que no puedo señalar aquí, so pena de adelantarles la trama, resulta fatal la actuación de Eugenio Derbez, quien quiere lucirse por sí solo y lo que hace es estropear las secuencias en las que aparece. Pese a esos lunares, puedo recomendar esta película para verla en familia.

Ficha técnica
  • Título original: Dora and the Lost City of Gold Estados Unidos, 2019
  • Género: Aventura
  • Director: James Bobin
  • Elenco: Isabela Moner, Eugenio Derbez
  • Duración: 102 minutos Cines: CCM, Cinemark, San Pedro, Cinépolis, Citi, Studio, Nova, Magaly
  • Calificación: DOS estrellas ( * * ) de cinco posibles