Vecinos de Las Cruces, en San Pablo de Heredia, removían la mañana de este lunes las capas de barro que cubrían la carretera y los frentes de varias viviendas.
Con botas de hule y palas, al menos una decena de hombres trabajaba contra el tiempo para retirar el lodo y los sedimentos, ante el temor de que las lluvias posteriores alcancen la misma intensidad del domingo y la corriente vuelva a arrastrar todo lo que encuentre a su paso.

La emergencia comenzó la tarde del domingo, cuando las lluvias se intensificaron alrededor de la 1 p. m. En apariencia, la corriente arrastró los sedimentos acumulados en cafetales y una tomatera ubicados en la parte más alta de la carretera que comunica San Pablo con San Isidro de Heredia.
Los materiales llegaron hasta el barrio afectado y, frente a una clínica dental, la basura y otros residuos se acumularon y obstruyeron el flujo del agua en una de las alcantarillas.
Las lluvias continuaron durante la tarde y el agua terminó por desbordarse, convirtiendo la calle en un río. La corriente, cargada de palos y troncos, arrasó con todo a su paso. Dañó portones, barandas y vehículos, e incluso destruyó parte de la carretera.

De acuerdo con la Cruz Roja Costarricense, los socorristas atendieron a 18 personas afectadas por las lluvias en San Pablo. Algunas fueron trasladadas a viviendas de familiares, mientras que otras llegaron al centro cultural de la comunidad.
Jason Córdoba, jefe de la Policía Municipal de San Pablo, estaba este lunes en la zona afectada e indicó a este diario que el gobierno local trabaja de forma coordinada para atender a las familias afectadas, mediante la entrega de diarios, colchones y cobijas. Tractores de la municipalidad también ayudaban a remover escombros y barro.

Mientras los vecinos intentaban limpiar los daños, Melissa Vindas retiraba el barro de su vivienda. Tiene 20 años de vivir en Las Cruces y asegura que nunca había enfrentado una situación similar. Como muestra de la magnitud de la emergencia, enseñó a este diario imágenes de cómo quedó su casa tras la inundación.
El barro ingresó en la sala, la cocina y el resto de la planta baja. Poco antes del mediodía de este lunes, Vindas todavía no sabía si sus electrodomésticos funcionaban, pues no había conectado la electricidad.

“Realmente le doy gracias a Dios que estaba en la casa de mi mamá porque si hubiera estado acá, hubiera colapsado totalmente, todavía siento que el corazón se me sale de los nervios”, afirmó.
“Nos preocupa que apenas está empezando el invierno (….) Esto es fuera de serie, parece una película realmente”, agregó.
La marca de barro y sedimentos que quedó en el portón de su vivienda da cuenta de la magnitud de la inundación. El nivel del agua alcanzó aproximadamente la altura de su cadera.

La corriente también arrastró varias varillas de metal que Vindas instaló para evitar que los niños que transitan en bicicleta cayeran en las alcantarillas. La fuerza del agua fue tal que las estructuras quedaron dobladas y también arrancó los árboles que adornaban la entrada de su casa.
A pocos metros, Oscar Jiménez, con botas de hule y una pala en mano, ayudaba a retirar el barro frente a su casa. Tiene al menos 30 años de vivir en Las Cruces y afirma que no recuerda una emergencia de esta magnitud.

Según relató, el aguacero comenzó de forma habitual, pero aumentó de intensidad con el paso de los minutos. La corriente que descendía por la calle le hizo pensar que se trataba de una cabeza de agua. Varios vecinos tuvieron que trasladar sus vehículos a zonas más altas porque el agua ya alcanzaba la cabina del conductor.
“Nunca ha sucedido esto. Ha pasado en otros años, pero lo de este año es un desastre”, dijo.
Jiménez explicó que las inundaciones en la calle son habituales durante el invierno, pero aseguró que esta vez la cantidad de troncos y sedimentos que trajo la corriente provocó daños mucho más graves. Por suerte, el agua no alcanzó su casa. Mientras retiraba el lodo, lo acompañaba otro vecino, Tonny Ecerón.
“Ayer fue increíble la cantidad de agua que cayó, podemos ver los daños que dejó la correntada de agua (...) Tenemos que meter mano a esto pensando en las lluvias de la tarde”, dijo Ecerón a este diario, con sus botas cubiertas de barro.

La preocupación por una nueva inundación también alcanza a Valeria Matarrita, de 26 años, quien creció en este mismo barrio. Al igual que los demás residentes, teme que las lluvias vuelvan a provocar daños en la comunidad.
“Esta vez fue demasiado el daño. La gente no pudo ir a trabajar”, señaló.
Llamado a las autoridades
Tras la emergencia del fin de semana, los vecinos hicieron un llamado a la Municipalidad de San Pablo de Heredia y al Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) para que amplíen las alcantarillas de la zona, pues consideran que no dan abasto.

Además, los residentes cuestionan que no se retiren de forma preventiva los sedimentos que se acumulan en los cafetales y que, posteriormente, la corriente arrastra por la calle hasta obstruir las alcantarillas.
“De verdad que necesitamos la colaboración de la municipalidad y a nivel nacional, para que esto no vuelva a pasar”, manifestó Vindas.

Por su parte, Jiménez señaló que, según les han indicado, la Municipalidad no ha intervenido porque considera que se trata de una vía nacional y que su mantenimiento corresponde a otra institución.
Por el momento, no está claro quién atenderá el reclamo de los vecinos.

Jason Córdoba, jefe de la Policía Municipal de San Pablo, explicó que los equipos municipales concentran sus esfuerzos en limpiar las cunetas y los caños, así como en retirar cualquier obstrucción que pueda agravar el panorama si durante esta tarde vuelve a llover.
El jefe policial agregó que el gobierno local también coordina con el MOPT las labores para limpiar la carretera y habilitar el tramo afectado. El paso podría reabrirse de forma regulada, aunque todavía no hay una hora o fecha definida para restablecer la circulación.
