
A los cinco años Viviana Clare dio sus primeros pasos en el ballet, sin imaginar que su pasión por este arte terminaría marcando un hito en la historia cultural de la danza en Costa Rica.
Formada bajo la técnica Vaganova y enamorada de la metodología cubana, a los 18 años su talento la llevó a la Escuela Nacional de Ballet de Cuba y, más tarde, a integrar las filas del Ballet Ouest de Montreal en Canadá, mientras cursaba la carrera de Administración de Empresas en la Universidad de Costa Rica.
Al regresar al país, Viviana se topó con una brecha: la ausencia de una plataforma profesional que permitiera a las y los bailarines ticos vivir dignamente de su arte.

Según contó a Revista Perfil, lejos de resignarse, canalizó su disciplina y visión empresarial —la misma con la que años atrás fundó la exitosa marca Repostería Becker— para gestar un proyecto artístico sostenible de largo alcance que la llevó a fundar en 2016 la escuela BJC, así como a dar vida a la Compañía Ballet Nacional de Costa Rica (BNC) en 2018.
“Regresé y me di cuenta de que no había nada para una bailarina que se quisiera desarrollar profesionalmente. Me pregunté: ¿qué pasa con las chicas que quieren bailar y no pueden irse del país?”, relató sobre el impulso que cambió su rumbo.
A través de estas plataformas, asumió el compromiso de dignificar y profesionalizar el trabajo de las y los bailarines del país, llevando obras de repertorio internacional a escenarios emblemáticos como el Teatro Nacional y el Teatro Popular Melico Salazar.
“Teníamos el gran reto de profesionalizar a los bailarines. Ha sido todo un proceso de crear y educar al público, para que confíen en nuestras producciones y vean que hacemos trabajos profesionales”, señaló.
“Danza y Libertad”
Fiel al principio de que el arte debe democratizarse y estar al alcance de todas las personas, Viviana impulsó además una de sus iniciativas más recientes: la escuela preprofesional “Danza y Libertad”.
Gracias a un convenio con la Municipalidad de Escazú, la Compañía Ballet Nacional acondicionó adecuadamente las instalaciones del Centro Cívico de la localidad con pisos especializados, barras y espejos para que los participantes puedan practicar allí.
Según Viviana, el proyecto otorgó 30 becas completas a niños, niñas y jóvenes de recursos limitados con habilidades excepcionales para la danza, seleccionados mediante audiciones.

La iniciativa busca actuar como semillero para la compañía nacional, o como trampolín para oportunidades internacionales, protegiendo a la juventud y brindándole un espacio seguro de superación.
La directora comentó que los estudiantes reciben una formación artística integral de tres horas diarias, donde no solo perfeccionan su técnica, sino que cultivan valores como la disciplina, la resiliencia, el autoestima y el trabajo en equipo. A la vez, la compañía promueve la donación de funciones para que hasta 300 niños de comunidades vulnerables asistan por primera vez al teatro.
“Para nosotros es como un sueño hecho realidad. Para mí no hay ningún proyecto que no pueda tener a la par algo social que lo acompañe y fortalezca... La idea es formarlos a nivel integral con valores y tocar sus vidas a través del arte, así como enseñarle a la población que el arte puede ser para todos”, concluyó Viviana.
