A veces solemos pensar que el descanso y la aventura son conceptos diametralmente opuestos; sin embargo, hay opciones que los combinan y nos permiten vivir una experiencia diferenciada, justo lo que uno necesita cuando busca alejarse de la ciudad para sentir paz e impulsar el espíritu de exploración.
Esto fue lo que vivimos en nuestra escapada a Maquenque Ecolodge, en Boca Tapada de San Carlos, un lugar que nunca había visitado y al que ahora ansío regresar en un futuro cercano.

Es que, de verdad, nunca había visto tantos animales en un mismo sitio. Por cada lugar por el que caminaba o navegaba en bote, siempre había algo que contemplar: cocodrilos, garzas, tucanes, ardillas, basiliscos, tortugas, caimanes, iguanas, guatusas y más.
Lo primero que nos sorprendió al llegar fue que, para poner un pie en el hotel, hay que cruzar el río San Carlos. Lo hicimos en lancha y, pese a que son solo unos pocos minutos para ir de lado a lado, esta travesía inicial ya nos advertía que estábamos arribando a un lugar especial.

Al caminar por los senderos para dirigirnos a la recepción, notamos lo enorme que es Maquenque Lodge. Uno es abrazado por la vegetación al caminar y la vista del lago regala una postal increíble. En el trayecto se asoman guatusas y pisotes, quienes muy curiosos nos observan antes de seguir su recorrido.
Continuamos caminando después del check-in y llegamos al treehouse, un lugar imponente. Para subir hay que usar unas escaleras que nos llevan del suelo a unos cinco metros de altura en cuestión de segundos, regalándonos otra perspectiva de la naturaleza. A simple vista detectamos ardillas buscando comida mientras nosotros, espectadores en primera fila, observábamos ese espectáculo desde el jacuzzi ¿Qué puede ser mejor que eso?
Pasar la noche ahí se sintió increíble. El sonido de la lluvia, las ranas y las chicharras mientras uno duerme se convierte en una combinación reparadora; era como un abracito para el alma.

Sin embargo, Maquenque Lodge tiene algo que lo hace aún más especial: así como es un lugar de descanso, también lo es de aventura. Al día siguiente desayunamos temprano y nos embarcamos en una expedición diferente. Subimos al bote y nos fuimos río arriba por el San Carlos para buscar animales y llegar hasta la desembocadura donde converge con el río San Juan.

Poder ver el territorio nicaragüense desde esta óptica fue muy interesante. El agua avanza hacia el mar Caribe mientras nosotros apreciábamos la naturaleza a nuestro alrededor: tres cocodrilos adultos, la garza tigre, monos araña, iguanas y muchas otras especies de aves, como una pareja de lapas que nos rodeaba a nuestro paso. Todo esto enriquecido por las explicaciones de Johnny y Antonio, nuestros guías.

Tras la aventura venía el espacio para el descanso y la cena. En Maquenque Lodge pudimos degustar un menú variado: fajitas jalapeñas, pizza y hamburguesas fueron los platos que probé durante mi estancia y quedé encantado.
Finalmente, en nuestro último día antes de salir, hicimos una cabalgata. Pasamos por los diferentes potreros donde estaban las vacas y cerca de las ceibas, unos árboles de decenas de años con alturas impresionantes que nos daban la sombra perfecta para ocultarnos un rato del sol.

En medio del paseo nos encontramos con don Jorge Eduardo Artavia, uno de los dueños fundadores del hotel y responsable de haber abierto las puertas en el 2009. Eso me causó una grata sorpresa: estaba trabajando en su huerta. Con sombrero para protegerse del sol, botas y machete en mano, se veía que en ese momento lo único que le pasaba por la cabeza era atender sus cultivos y, desde luego, ofrecernos su hospitalidad y contarnos como en esos espacios se cosecha una gran parte de los productos que se utilizan en el restaurante.
La historia de don Jorge Eduardo va más allá. Estábamos bajo una ceiba y contó que la recuerda hace 50 años, sorprendido de lo mucho que ha crecido en este tiempo. Y es que Artavia llegó a Boca Tapada de San Carlos cuando la única vía para acceder era por el río San Carlos. Él y su familia, así como otros vecinos de la zona, se han encargado de hacer prosperar a esta comunidad.

“El río San Carlos era nuestra carretera; por ahí nos trasladábamos con nuestras familias a distintas zonas. Poco a poco, junto con otros vecinos, hicimos el esfuerzo de comprar algunos terrenos y abrir la trocha para tener carretera. Luego trabajamos por tener una escuela y la iglesia”, afirmó don Eduardo.
Con esa nueva óptica terminó nuestra aventura por Boca Tapada de San Carlos. Uno visita Maquenque atraído por sus atributos de dormir en las alturas, ver animales desde la habitación o recorrer en bote el río San Carlos; pero conociendo lo que en algún momento fue, es imposible no trasladarse a esa época. Ahora es accesible y es un paraíso para todos quienes decidan visitar la zona, y mucho de ello se debe al trabajo de la comunidad.

Si alguna vez sienten que necesitan un escape, cambiar la perspectiva y refrescar la mirada en un sitio lleno de naturaleza que les permita salir recargados, ya saben hacia dónde apuntar la brújula.
Para reservaciones puede contactarse al: 2479-8200 / (+506) 7147-3860 o al correo info@maquenquelodge.com.
