La primera vez que Mariale Acosta se vio en fotografías con la banda de Miss Universo Costa Rica, necesitó detenerse un momento para asimilarlo. Lo que hasta hacía poco parecía difícil de imaginar se había convertido en realidad: sería ella quien llevaría el nombre del país a una de las plataformas de belleza más reconocidas del mundo.
“En realidad lo logré, en serio voy a representar a mi país”, recuerda sobre aquella mezcla de emoción y asombro.
La imagen de una mujer con corona y banda suele asociarse con vestidos impecables, maquillaje y escenarios iluminados. En el caso de Mariale, detrás de esa fotografía también hay una historia de inseguridades, decisiones personales y aprendizajes. Antes de asumir este título, tuvo que desarrollar una confianza que no siempre tuvo y aprender a no permitir que las opiniones externas determinaran hasta dónde podía llegar.
Hoy, mientras se prepara para representar a Costa Rica, reconoce que la corona trae consigo una responsabilidad que va más allá de la apariencia. Para ella, significa honrar sus raíces, responder a las expectativas de quienes la acompañan y aprovechar la visibilidad que le ofrece el certamen para transmitir un mensaje a otras mujeres.
Su meta es que Costa Rica llegue a lo más alto. El camino para intentarlo, sin embargo, también le ha exigido aprender a desenvolverse en una nueva etapa sin perder de vista quién es.

Una corona también exige renuncias
Convertirse en Miss Universo Costa Rica ha supuesto reorganizar una vida que antes tenía sus propias rutinas, espacios y momentos familiares. Acostumbrada a compartir tiempo con sus seres queridos, ahora debe distribuir sus días entre compromisos, preparación y responsabilidades que requieren mayor planificación.
No se trata de que haya dejado de disfrutar lo que hace, sino de reconocer que asumir una meta de esta dimensión implica aceptar cambios. Algunas actividades ya no pueden vivirse de la misma manera y los espacios personales requieren una organización distinta.
“Ser Miss Universo Costa Rica implica mucha disciplina, una mente muy serena y una gestión de emociones. Es un combo completo”, explica.
La preparación no se limita al aspecto físico ni a cumplir con una agenda. También exige mantener la concentración, gestionar las emociones y responder a las expectativas asociadas con representar a un país. Para Mariale, encontrar serenidad en medio de esas exigencias forma parte del aprendizaje.
En ese proceso, la familia continúa ocupando un lugar importante. Mantener la cercanía con las personas que quiere es uno de los aspectos que debe atender mientras se adapta a sus nuevas responsabilidades.
También ha aprendido a distinguir entre el modelaje y la representación nacional. Aunque ambas experiencias pueden relacionarse con la moda y la belleza, considera que llevar una corona supone un compromiso diferente: sus decisiones y su comportamiento adquieren una dimensión pública, y su participación puede convertirse en una oportunidad para comunicar algo que trascienda su imagen.
El orgullo de representar a Costa Rica, asegura, compensa el esfuerzo de esta etapa. La banda no es únicamente un reconocimiento; es una responsabilidad que debe respaldar con trabajo y compromiso.

El primer triunfo fue creer en ella misma
Antes de ganar la corona, Mariale tuvo que aprender a confiar en sus capacidades y a no dejar que las opiniones ajenas definieran sus posibilidades.
Las redes sociales han ampliado los espacios en los que se comenta sobre la apariencia, las decisiones y la vida de otras personas. Para alguien expuesto a la mirada pública, las críticas pueden convertirse en un desafío adicional. En su caso, la respuesta fue concentrarse en su objetivo y recordar por qué había decidido perseguirlo.
“Confié mucho en mí misma, sin importar las voces de afuera”, afirma.
Ese proceso también estuvo acompañado por personas que creyeron en su visión y en la meta que se había propuesto alcanzar. Contar con un equipo que entendiera sus aspiraciones fue una parte importante del recorrido.
Mariale reconoce que la confianza no siempre estuvo presente. Aunque desde pequeña le llamaban la atención la industria de la moda y el mundo de la belleza, no tenía la autoestima suficiente para imaginarse en una posición como la que ocupa hoy.
Por eso, cuando piensa en la niña que fue y la compara con la mujer que ahora lleva la banda de Miss Universo Costa Rica, no interpreta su historia como el cumplimiento de un destino que siempre estuvo escrito. La ve como el resultado de un proceso en el que aprendió a reconocer sus capacidades y a darse la oportunidad de intentarlo.
La corona representa una meta alcanzada, pero también le recuerda cuánto puede cambiar la percepción que una persona tiene de sí misma. No significa que las dudas desaparezcan por completo ni que alcanzar un objetivo resuelva todas las inseguridades. Significa que esas dudas no tienen por qué determinar lo que una persona puede intentar.
Esa es una de las enseñanzas que desea compartir con otras mujeres: tomar en serio sus aspiraciones, prepararse para alcanzarlas y no permitir que las opiniones externas se conviertan en una medida de su propio valor.

Representar al país también es honrar sus raíces
Para Mariale, llevar el nombre de Costa Rica a una plataforma internacional tiene un significado que va más allá de la competencia. También representa a la comunidad afrodescendiente, con la que comparte un vínculo de identidad y cuya representación considera un honor.
Su participación le ofrece la posibilidad de ocupar un espacio en el que otras niñas y mujeres puedan encontrar referentes con quienes identificarse. Es una responsabilidad que reconoce y que desea asumir de manera consciente.
La aspiración de ver a Costa Rica brillar en el certamen convive así con otro propósito: que su presencia tenga significado para quienes siguen su recorrido y encuentran en él una historia con la cual conectar.
Mariale entiende que una corona puede ofrecer visibilidad. Lo que haga con esa atención depende, en buena medida, del mensaje que quiera comunicar y de la manera en que decida utilizar su posición.
No pretende presentar su experiencia como una fórmula para alcanzar el éxito. Su interés está en mostrar que las mujeres pueden desarrollar sus capacidades, construir sus propios caminos y encontrar en otras mujeres aliadas para crecer.
En un espacio como el de los certámenes de belleza, donde la competencia ocupa un lugar central, su mensaje apuesta también por la unión. Quiere inspirar a mujeres que contribuyan a la sociedad, construyan vínculos y se apoyen entre sí, en lugar de verse únicamente como rivales.
Para ella, todas las mujeres tienen belleza y no necesitan competir unas con otras para demostrar su valor. La moda y el modelaje pueden ser plataformas para abrir oportunidades, pero cada mujer decide qué significado darles y cómo aprovecharlas.
La responsabilidad de convertirse en referente, considera, no termina cuando concluye una aparición pública. Las palabras y las acciones también forman parte de lo que transmite a quienes observan desde afuera. Su propia historia, con sus dudas y transformaciones, puede contribuir a ese mensaje.

“Sigo siendo Mariale”
La nueva exposición pública también ha cambiado la manera en que otras personas se relacionan con ella. Ahora puede ir a un centro comercial y encontrarse con personas que la reconocen y la saludan, incluso cuando no está maquillada ni frente a una cámara.
Esa experiencia le recuerda que su vida incluye una dimensión pública que antes no tenía de la misma manera. Sin embargo, no siente que deba convertirse en alguien diferente para responder a las responsabilidades de su título.
Se describe como una persona sencilla y sensible, a quien le gusta divertirse, conocer gente, hacer nuevas amistades y conectar con quienes la rodean. Son características que considera parte de su esencia y que desea conservar durante su paso por el mundo de los certámenes.
“Sigo siendo Mariale”, resumió.
La corona puede modificar su agenda y la forma en que otras personas la perciben, pero no tiene por qué borrar su personalidad ni alejarla de los vínculos que le permiten sentirse ella misma.
Encontrar ese equilibrio será parte de esta etapa. A medida que aumenten las exigencias y las oportunidades, deberá responder a su papel como representante del país sin renunciar a los espacios personales y las relaciones que valora.
Más herramientas para enfrentar la vida
Al preguntarle si se siente una mujer más fuerte que la que subió al escenario para recibir la corona, Mariale introduce un matiz: más que definirse únicamente desde la fortaleza, siente que ahora cuenta con más herramientas para enfrentar la vida.
Considera que los retos y las experiencias difíciles pueden dejar aprendizajes que permiten responder de otra manera a situaciones futuras. En su caso, esta etapa le ha dado la oportunidad de desarrollar habilidades para gestionar las emociones, organizar sus responsabilidades y desenvolverse ante las exigencias de su nuevo papel.
No significa que todas las dificultades deban recibirse con entusiasmo ni que los momentos complejos sean fáciles de atravesar. Se trata de reconocer que las experiencias también pueden ampliar la capacidad de una persona para afrontar lo que viene.
La preparación para representar a Costa Rica le exige disciplina y adaptación, pero también le permite descubrir capacidades que quizá no habría reconocido de la misma manera en otras circunstancias. El crecimiento, entiende, no termina con la obtención de un título.
Al final de la conversación, comparte una frase que resume su manera de entender las decisiones y los esfuerzos que acompañan cualquier proyecto personal:
“En la vida todo es difícil, y uno solo escoge qué dificultad quiere vivir”.

Mariale reconoce que el modelaje y la representación nacional traen consigo responsabilidades y renuncias, pero considera que otros caminos también requieren tiempo, compromiso y esfuerzo. La diferencia está en elegir aquello que tiene sentido para cada persona y decidir cuánto está dispuesta a trabajar por ello.
Ella ha elegido una ruta que combina la moda, la representación nacional y la posibilidad de compartir un mensaje con otras mujeres. Es un camino que la entusiasma y que le plantea nuevos desafíos, mientras continúa aprendiendo a desenvolverse en una realidad distinta.
Su aspiración es que Costa Rica llegue a lo más alto. Para intentarlo, sabe que necesita preparación, disciplina, serenidad y el respaldo de un equipo que comparta su visión.
Pero el significado de esta experiencia no se limita al resultado que pueda obtener en el escenario internacional. También está en la mujer que ha aprendido a confiar en sus capacidades y que ahora quiere aprovechar su voz para que otras encuentren razones para confiar en las propias.