
El acoso escolar no siempre deja marcas visibles, pero sus consecuencias pueden acompañar a una persona mucho después de terminar las clases. En Costa Rica, los casos de bullying atendidos formalmente por el Ministerio de Educación Pública (MEP) pasaron de 197 en 2019 a 388 en 2023, un aumento cercano al 97 %. En 2024 se registraron 352 casos.
Ante este panorama, un grupo de especialistas costarricenses se prepara para incorporar KiVa, un programa finlandés de prevención e intervención frente al bullying, desarrollado por la Universidad de Turku y utilizado en más de 20 países.
A diferencia de las campañas puntuales o las charlas aisladas, KiVa propone un trabajo sistemático que combina prevención, intervención y seguimiento. Su nombre proviene de la expresión finlandesa Kiusaamista Vastaan, que significa «contra el acoso».
El modelo incluye actividades preventivas adaptadas a distintas edades, capacitación para el personal de los centros educativos y materiales dirigidos a estudiantes y familias. También ofrece herramientas para reconocer el bullying y distinguirlo de otros conflictos, así como procedimientos para intervenir y comprobar posteriormente que la agresión haya cesado.
“El programa no pretende sustituir los protocolos nacionales ni las obligaciones legales de los centros educativos. Su objetivo es complementarlos mediante una prevención sistemática, procedimientos claros de intervención y seguimiento a los centros educativos que así lo requieran”, explica la Dra. Gabriela Zúñiga, médica psiquiatra e integrante del grupo de especialistas costarricenses que se encuentra en formación con el programa.
El grupo también puede detener el acoso
Uno de los elementos distintivos de KiVa es que no concentra su atención únicamente en quien agrede y quien recibe la agresión. También trabaja con los estudiantes que presencian estas situaciones, pues sus reacciones pueden contribuir a que el acoso continúe o se detenga.

“Reír, guardar silencio, difundir contenido, apoyar al agresor, defender a la persona afectada o pedir ayuda son respuestas que pueden modificar la dinámica de una situación de acoso”, señala Zúñiga.
Por eso, la estrategia busca transformar la dinámica del grupo y enseñar a los estudiantes a reconocer el acoso, comprender el efecto de sus propias acciones y responder de manera adecuada. El propósito es que quienes presencian una agresión sepan que también pueden contribuir a detenerla.
KiVa comenzó a implementarse en Finlandia en 2009 y cuenta con investigaciones científicas sobre sus resultados. Uno de sus principales estudios incluyó 234 escuelas, distribuidas en dos grupos: 117 participaron en la intervención y 117 sirvieron como grupo de comparación. Los resultados mostraron reducciones significativas tanto en el bullying como en la victimización reportada por los estudiantes.
La evidencia también registra efectos sobre distintas formas de acoso, entre ellas la violencia verbal, relacional y física, así como el ciberacoso. Asimismo, se han documentado resultados positivos en aspectos como el gusto por la escuela, la motivación académica y el clima entre compañeros.
Una problemática que trasciende las aulas
Las cifras nacionales y las mediciones internacionales muestran que el acoso escolar sigue siendo un desafío para las comunidades educativas. Según los datos citados en el comunicado, en PISA 2018 el 24 % de los estudiantes costarricenses de 15 años manifestó haber sufrido actos de bullying al menos varias veces al mes, frente al promedio del 23 % registrado en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Además, los casos atendidos formalmente no necesariamente reflejan la totalidad del problema. Algunas situaciones podrían no denunciarse por miedo, vergüenza, normalización de la violencia o temor a represalias.
La incorporación de KiVa representa una oportunidad para que los centros educativos costarricenses fortalezcan sus estrategias de prevención y atención. Su implementación deberá complementarse con los protocolos nacionales y con la participación activa de estudiantes, docentes y familias.
Identificar el bullying es un paso necesario, pero no suficiente. El reto consiste en construir comunidades educativas capaces de reconocer las señales de acoso, actuar a tiempo y asumir, de manera conjunta, la responsabilidad de detenerlo.
