
Es que no había manera que Alfonso Chase pudiera quedarse solo la noche del 23 de setiembre, cuando el Teatro Nacional realizó el recital Toda una vida, dedicado a celebrar los 70 años de vida literaria de este monumento vivo nacido en Cartago, premio Magón 1999, autodidacta, multiganador de toda clase de reconocimientos y que, en sus propias palabras, “soy solo un vecino más de Hatillo”.
A sus 81 años, Chase tomó el Teatro Nacional abrazado por decenas de personas. Ahí estuvo con su chispa de siempre: la sonrisa de media luna, sus brazos cruzados, su picardía... “Esto para mí no es un homenaje”, dijo frente a su público en la sala principal del recinto. “Esto es un encuentro; esto es reunirme con mis vecinos, con amigos... El público ha sido mi sustento en la cercanía con la muerte y en la resurrección”.
Chase acaba de atravesar un grave quebranto de salud por diabetes que lo llevó a un internamiento hospitalario y a una amputación. Ahora estaba nuevamente frente a las personas que han acompañado su obra durante décadas, gracias a la iniciativa del movimiento Literario Palabra y Punto, quienes organizaron la velada.
“Para mí es especial porque yo de niño no tenía amigos, solo tenía libros”, dice, rememorando que él pasaba 28 días en su casa y, los días que restaban del mes, acompañaba a su padre relojero a hacer encargos por todo el país.
“A mí muchas personas me ayudaron en el camino; ahora hay que ayudar a los jóvenes que comienzan, a todos esos jóvenes que ‘andan por ahí’”.
¿Que cuál consejo le doy a un joven escritor? Pues muy fácil: que no siga ningún consejo.
— Alfonso Chase

Nostalgia y celebración
Después de una emotiva presentación musical de Natalia Esquivel, quien le dedicó la canción Toda la vida, de Emmanuel, Chase subió al escenario y situó sus inicios cuando compartió generación con Jorge Debravo. El poeta y ensayista recordó que su primer gran momento literario fue cuando compartieron un premio nacional: él por Los reinos de mi mundo y Debravo por Nosotros los hombres. Pero Chase recordó aquella época desde la perspectiva del muchacho que todavía no sabía hasta dónde lo llevarían las palabras.
“Yo era el chiquito detrás de la ventana; Debravo, en cambio, era el hombre que había descubierto en el vecino y en el prójimo ‘el absoluto’”, dijo, deshaciéndose en elogios por la obra del fallecido autor turrialbeño.
Recordó también la vela que compartió con Debravo. Después, el poeta se fue. Poco después vendría el accidente fatal que acabó con su vida.
“He visto morir a los poetas de mi generación y la trasanterior que fueron mis maestros”, dijo.
Una hora antes, en medio de un pasillo del teatro, Chase conversó con La Nación y dijo puntualmente que le gusta escribir mucho sobre la alegría. “Hay diferentes tipos de alegría, de acuerdo con la edad. Es diferente... Pienso yo en la alegría de estar vivo, la alegría de tener memorias, recuerdos y también la tristeza. Pero yo no canto ningún tipo de tristeza. He luchado con mi cuerpo, con mis enfermedades, con mi edad y sigo tan igual como antes. Pienso yo, porque siempre uno piensa lo mejor para uno”.
A la literatura le corresponde también la defensa del presupuesto para la Caja, el presupuesto para el Ministerio de Cultura, el presupuesto para educación. En todos esos ámbitos que le he dicho, hay literatura y hay cultura, que es lo que necesitamos.
— Alfonso Chase

Esa idea la retomaría luego en el escenario del teatro. “Me he sobrevivido a mí mismo con mis defectos, escasas virtudes y la fe”, dijo a su público.
Chase también se sitúa en una generación que creció después de la posguerra. Una generación “sándwich”, según la definió, marginada y con una gran carga social. “Si no hubiera sido porque muchas personas quisimos armar un aparato cultural, la historia hubiera sido distinta”.
El escritor cuenta que él sitúa tres decisiones vitales que catapultaron la cultura en Costa Rica: la creación de la Dirección de Artes y Letras (en 1963 fue en la UCR; en 1974 en la UNA), los Premios Nacionales y la Editorial Costa Rica abrió espacios para aquella generación. Eso, explicó Chase, “hizo que fuera fácil darnos a conocer. Lo difícil fue escribir lo que escribimos”.
Chase también reconoció que su generación recibió una herencia indirecta de Chavela Vargas, Yolanda Oreamuno y Eunice Odio. “A la fecha debemos darles el lugar que se merecen en la cultura”, sentenció.
Ser muchos

Alfonso Chase reveló que está consciente de la existencia de muchas versiones suyas. Está el más humorista, el que es romántico, el que incomoda, el que se pone político, el que no deja de conversar... De todos, asegura, el que más le gusta es el que escribe.
“Hoy todos estamos aquí porque no quisimos quedarnos viendo tele, sino encontrarnos por los libros”, dijo.
El escritor también habló del idioma. Dice que se enorgullece de hablar español y que todo costarricense debería hacerlo. Aun así, también agradece haber aprendido el inglés: “Me abrió muchos mundos. Para mí no es el idioma del imperio; me gusta porque es el de Shakespeare, de Ginsberg, de Whitman...”.

Chase dijo que trata de usar una versión de español elegante, con buenas palabras. El idioma español es tan rico que lo permite y exhortó a hacerlo.
“No olvidemos que la patria es la poesía. Hoy estamos pasando un momento social complicado, la patria está haciendo recovecos, pero la patria permanecerá porque la patria es la poesía”, insistió.
Para finalizar, soltó al público unas últimas líneas muy emotivas. “No hay lucha social sin amor, se los aseguro.... No lo perdamos de vista: la gran revolución del mundo es el amor”.
