Revista Dominical

Tinta Fresca: Juro que vi a la Segua

Si usted la viera en los ojos de quien fue asustado, no le llamaría simplemente mito ni leyenda

Ilustración: Dominick  Proestakis.
Ilustración: Dominick Proestakis.

Juro por Dios que vi a la Segua, su cara de caballo, los enormes dientes, la crin negra, la piel blanca, espanto del jinete que huyó como alma que lleva el diablo, sin esperar otro relincho de aquella ‘mujer’ que a primera vista se apareció hermosa, desprotegida, encantadora, solitaria, a la vera del camino.

Dicen que en lejanas décadas se le vio desde México hasta Costa Rica. La llamaron Siguanaba en El Salvador y Guatemala, la Sucia en Honduras, la Segua o la Cegua también en Nicaragua...

Como quieran decirle, vestía de blanco aquella noche, angelical al inicio, espectral después. Miraba hacia el cafetal, cantaba, cuando aquel hombre se le acercó casi hasta tocarla por la espalda, sin imaginar el rostro a punto de voltearse.

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