Rocío Fernández, la periodista que encontró su lugar en la noticia que ‘no corre’
Desde Cultura hasta ‘Áncora’, Rocío Fernández encontró en las páginas ‘inactuales’ un lugar para escribir con libertad, apoyar el ejercicio artístico en Costa Rica y entender el periodismo también como un ejercicio de autor
Rocío Fernández cree en la defensa de un periodismo reposado, con nuevas formas de escritura y con la cultura como pavimento. Jose Cordero
Un signo de exclamación. Una pregunta. Una interjección. Un diálogo. Una imagen. Cuando Rocío Fernández llegó a La Nación, en 1975, el periódico estaba mudando de ropaje y las posibilidades de comenzar un texto con algún arma de la literatura la fascinó y la marcó para siempre.
Ella venía de la acera del frente, del hoy extinto medio Excélsior, cuando fue fichada por esta redacción y empezó una relación que contractualmente duró 15 años, pero espiritualmente trascendió calendarios.
Ella cuenta, entre risas, que tuvo la fortuna de nunca hacer noticia dura: transitó —con felicidad— por las llamadas secciones “inactuales”, pasó por Cultura, dirigió el suplemento Hogar de hoy y terminó dedicando sus últimos siete años al suplemento Áncora. Después, ya fuera del periódico, continuó vinculada escribiendo en estas páginas durante un lustro en espacios literarios de Revista Dominical como Tinta fresca y luego otro que se llamó Pase adelante.
Entrevista de Rocío Fernández al escritor Ernesto Sàbato en su residencia en Santos Lugares, Argentina. Los acompaña la esposa del escritor, Matilde Richter. Rocío Fernández entrevist[o al escritor Ernesto Sàbato en su residencia en Santos Lugares, Argentina. Los acompaña la esposa del escritor, Matilde Richter. (Cortesía /Cortesía) Edgar Fonseca y Rocio Fernandez Hace medio siglo Rocío Fernández empezó su recorrido por las páginas de 'La Nación' y destaca su permanente cobertura cultural para el país. (Jose Cordero/José Cordero)
Hoy, 51 años después de su debut en el diario, reflexiona que llegó a una redacción en transformación, donde convivían periodistas veteranos y una generación joven que venía a sacudir las formas de hacer periodismo. Allí estaban, entre otros, figuras que ya eran leyenda, como Bosco Valverde y Julio Suñol, así que doña Rocío recuerda aquella época como una escuela: “había que competir no solo por escribir bien, sino por documentarse bien”.
Para ella fue fabuloso escribir sin responder necesariamente a las famosas 6W y a la pirámide invertida que caracteriza el periodismo informativo. En las páginas culturales había espacio para otra respiración.
Para ella, las secciones “inactuales” permiten al periodista “ser más creativo y volverse por momentos un poco más un autor que un intermediario entre la fuente y el receptor”. Era la posibilidad de “tener un poquito de picardía y de soltarse un poquito el pelo y disfrutar lo que se escribe. Ese es un espíritu del que no siempre se habla y no en todo lado se puede hacer”.
Rosalynn Carter, primera dama de los Estados Unidos, atiende a periodistas durante su visita a San José en 1977. Rocío Fernández durante la cobertura oficial. Rosalynn Carter, primera dama de los Estados Unidos, atiende a periodistas durante su visita a San José en 1977, entre ellos Rocío Fernández. (Cortesía /Cortesía) Edgar Fonseca y Rocio Fernandez La periodista Rocío Fernández expresa su gratitud de haber estado en las páginas de Ancora, un suplemento que reconoce como único. (Jose Cordero/José Cordero)
Doña Rocío recuerda los finados Premios Áncora, las exposiciones en la sala de exhibiciones del periódico, las páginas dedicadas a literatura, ciencia, artes visuales, música, teatro y danza (que han escaseado en el panorama de medios tico). El periódico, dice, dejó “una huella propia en la sociedad costarricense” y fue un referente para generaciones de artistas.
Ella misma tuvo el privilegio de mirar cómo esas artes crecían. “Ser testigo de esta evolución me da una gran satisfacción. Se apoyó esfuerzos creativos muy importantes, eso fortaleció y siento yo que incentivó a los artistas a seguir creando porque había una plataforma que les daba eco”, reflexiona.
De todas las posibles La Nación que han existido (la de informar, la de investigar, la de reportear en la calle), para doña Rocío su propia Nación es un sitio donde el periodismo también podía buscar una voz propia. Ella cree que siempre puede serlo. Por eso, al final de la conversación, su consejo para los periodistas jóvenes es uno cálido: “no dejen de leer. Busquen música, literatura, belleza. Cultivar algo que mantenga viva la palabra”.
Rocío Fernández: La periodista que encontró su propia voz en las páginas de Cultura
Este texto es parte del especial por los 80 años del periódico La Nación. Puede leer los demás artículos en este link.
Edgar Fonseca y Rocio Fernandez Rocío Fernández posa en las rotativas del periódico 'La Nación'. (Jose Cordero/José Cordero)