Basta echar una mirada a la agenda de don Quince Duncan para notar que hay algo profundamente extraordinario en su ritmo actual. A sus 85 años, el camino que recorre por el país es el de una lucha por el reconocimiento de la cultura afro en Costa Rica.
El día que conversamos, nos atendió en una breve pausa previa a la presentación de su libro Afrocostarricenses: historia y cultura revelada en la Universidad Nacional. Esa misma noche tomaba rumbo hacia Puerto Viejo para la inauguración de Cartografía de una voz, una exposición inspirada íntegramente en su legado literario e intelectual. Apenas unos días antes, se le veía recorrer la Antigua Aduana firmando ejemplares en la Feria Internacional del Libro. Y así, sucesivamente...
Quien se convirtiera en el primer miembro numerario afrodescendiente de la Academia Costarricense de la Lengua habita hoy una agenda vibrante, impulsada por la alegría genuina de ver dar frutos a una semilla sembrada durante décadas.
Tras años de picar piedra desde la docencia, la investigación y la narrativa, don Quince atestigua cómo aquellas luchas por el reconocimiento de la diversidad multiétnica y la herencia afrocostarricense (especialmente la integración de la lengua criolla limonense en la Constitución Política) están germinando.
Con ese motivo nos sentamos a conversar sobre literatura y el país que aún debemos aprender a construir.

— En el marco de esta gira que realiza por el país, ¿qué discurso ha privilegiado a la hora de conversar en los espacios de cultura y lectura?
—Vengo insistiendo en la necesidad de que Costa Rica asuma lo que declaró en el artículo primero de la Constitución: que somos una nación multiétnica y pluricultural. Esto no es solo una declaración para que suene bonita, sino que implica responsabilidades que el país y cada costarricense deben asumir para acoger esa diversidad como parte de nuestro legado cultural. Mi último libro, Afrocostarricenses: historia y cultura revelada, pretende poner en manos de todos —población negra, blanca-mestiza y demás etnias— la información necesaria para tener clara nuestra herencia, desde la colonia hasta la actualidad. Ahora nos interesa mucho el tema de la lengua
—Han existido cuatro proyectos de ley para incluir la lengua criolla en la constitución. ¿Por qué cree que ha costado tanto concretar?
—Precisamente por la actitud arraigada de no reconocer esa diversidad. La reforma al artículo primero de la Constitución (que declaró a Costa Rica como multiétnica y pluricultural) duró 17 años para ser aprobada en el Congreso. Se presentaba, pasaban los cuatro años sin aprobarse y debía reincorporarse, hasta que finalmente se logró convencer a los diputados durante el cuatrienio de Luis Guillermo Solís. Eso da una idea de la actitud histórica de una nación que desde sus orígenes decidió concebirse como un país blanco.
”Todo lo que no calza dentro de la imagen del blanco europeo pareciera no tener lugar. Se han hecho avances simbólicos, como el reconocimiento del calipso o fijar un día para el criollo limonense, pero esperamos que finalmente haya llegado el momento de aprobar la reforma.
—Vivimos un momento donde se privilegia el individualismo, ¿cómo lograr cambios sociales en este contexto?
— Le insisto a la gente en que mire hacia atrás y no crea el mito de algunos políticos de que en el pasado no se hizo nada. Tengo 85 años; llegué a San José a los 15 años. Recuerdo cuando mi mamá me mandaba a comprar carbón para cocinar, o cuando trabajaba en ebanistería y debía ir al mercado a contratar un carretonero para trasladar la madera al taller.
”El nivel educativo era paupérrimo, muchas calles eran de lastre, y la electricidad, el agua potable o el seguro social apenas iniciaban. Todo eso no se logró mediante la lucha individual, sino a través de políticas solidarias. Que las personas hoy tengan un nivel educativo y que muchas sean los primeros profesionales de sus familias es gracias a que la sociedad creó las condiciones para el desarrollo colectivo. Abandonar la solidaridad para buscar únicamente el bienestar individual es una trampa que conduce al caos social.
— ¿Cómo puede aportar la literatura a construir esa sociedad más solidaria que se necesita?
—La literatura aporta en múltiples sentidos. Primero, entendida ampliamente como documento escrito, nos permite conocer nuestra historia y cómo se construyó la cultura. Como decía Marcus Garvey: “Un pueblo que no conoce su historia es como un árbol sin raíz”. Quien no sabe de dónde viene, difícilmente sabrá hacia dónde va.
”Segundo, nos permite comprender cómo piensan personas de otros lugares, disfrutar de la cultura ajena y valorar la propia. Un libro brinda compañía constante y no requiere energía más allá de un poco de luz. Por último, enriquece el vocabulario y el manejo de la lengua; entre más conceptos posea una persona, mejor podrá expresarse en su vida cotidiana.
— Ante iniciativas como la ruta de salvaguarda de lengua criolla, las casas cuna en Limón para preservar la lengua y el trabajo universitario, ¿cómo valora el estado actual de este reconocimiento?
—Me siento muy orgulloso de la juventud de mi comunidad, porque esta lucha la están liderando jóvenes como Stephie Davis y otros en Limón. Durante mucho tiempo esto se había planteado, pero la propia comunidad no lo asumía por completo. También reconozco el trabajo de René Zúñiga y el equipo de la Universidad Nacional.
”Me siento contento y optimista porque el esfuerzo sostenido para crear conciencia y lograr que la comunidad se apropie de su historia empieza a rendir frutos. Lo veo también cuando leo a poetas como Milagro Obando, la poeta afroguanacasteca, que insisten no solo en la trietnicidad, sino en reconocer la herencia africana implícita en ella.
— ¿Qué puede hacer el ciudadano de a pie y qué debe hacer el Estado para concretar todos estos esfuerzos?
—El ciudadano de a pie debe estudiar la historia, dejar de lado los mitos y reconocer la diversidad. Si bien una persona individualmente no influye directo en la Asamblea o en el Ejecutivo, sí puede actuar en su propio círculo, familia, amistades y comunidad, para promover este reconocimiento y erradicar el racismo, el cual es como una serpiente que cambia de piel pero conserva el mismo veneno. Debe rechazar los estereotipos y cuestionar lo heredado.
”Por su parte, el Estado tiene la responsabilidad de ser consecuente. Si ya se aprobó que Costa Rica es un país multiétnico y pluricultural, las instituciones y los diputados deben actuar en consonancia con el artículo primero de la Constitución, independientemente de sus opiniones personales. El criollo limonense lo hablan unas 60 000 personas, más hablantes que todas las lenguas indígenas del país combinadas, y todos somos costarricenses. No se pide ningún regalo, sino poner a derecho algo que nos pertenece a todos.
