El pasado no cambia, pero sí puede cambiar la manera en que un país lo cuenta. En Colombia, la decisión del gobierno de retirar más de 30 piezas del Museo Nacional ha provocado severas protestas que han hecho que la gente salga a las calles. Los manifestantes han lanzado una pregunta al tapete público: ¿cómo pueden sacudir los museos la memoria histórica de un país?
La controversia comenzó después de que el presidente Abelardo de la Espriella ordenó retirar de exhibición bienes relacionados con Carlos Pizarro, excomandante de la guerrilla M-19, asesinado en 1990 tras dejar las armas y aspirar a la presidencia.
Posteriormente, se conoció el retiro de piezas de una sala dedicada a la historia de los movimientos sociales y la violencia política en Colombia.
También se excluyeron piezas sobre ideales feministas de Lucila Rubio de Laverde, la bandera de la activista Elizabeth Castillo, la revista Ventana Gay, archivos de colectivos como la Red Comunitaria Trans y registros fotográficos históricos del movimiento LGBTIQ.
El presidente dijo que esta movida será parte de su “contrarrevolución cultural”, haciendo explícito que el retiro de las obras se debe a motivos ideológicos de su administración. De la Espriella dijo el jueves que el “Estado tiene el deber moral insoslayable y político de impedir que los espacios culturales sean captados por el socialcomunismo ateo y enemigo de los valores”.
El Museo Nacional, ubicado en Bogotá, se dedica a historia, arte y cultura, similar a su homónimo de Costa Rica (que también abarca colecciones botánicas).
¿Qué significa un museo?

Para Sofía Soto-Maffioli, conservadora de patrimonio y especialista en museos, la controversia debe entenderse en un contexto en que las disputas políticas también alcanzan la lucha por definir qué se considera una representación legítima de la historia.
“Los gobiernos ultraconservadores, como el de De la Espriella, esgrimen el argumento de la despolitización para ejercer censura en los espacios de cultura. Es decir, censuran afirmando que están evitando el ‘adoctrinamiento político’, y proponen que su discurso conservador es el estado ‘neutro’ de la cultura”, analiza.
Es decir, censuran afirmando que están evitando el ‘adoctrinamiento político’, y proponen que su discurso conservador es el estado ‘neutro’ de la cultura
— Sofía Soto-Maffioli, especialista en museos
Soto-Maffioli considera que esta posición puede desplazar la historia artística y documental en favor de una idea abstracta de unidad nacional que se presenta como ajena a las disputas ideológicas.
Sin embargo, la selección de los objetos que integran una exposición, la manera de contextualizarlos y las historias que se privilegian también forman parte de la construcción de un relato sobre el pasado.
“Es una reacción que excede la defensa de piezas particulares. No es una apología de obras de arte en específico, sino más bien una revuelta contra la ficción ideológica de un gobierno de ultraderecha”, afirmó.
Una lectura similar sobre la importancia de la autonomía de los museos plantea Lauran Bonilla-Merchav, presidenta de la Alianza Regional del Consejo Internacional de Museos para América Latina y el Caribe (ICOM LAC).

Bonilla-Merchav cuestiona que el retiro de las piezas se realizara de forma repentina y sin que, según su valoración, mediara un criterio técnico del equipo profesional del museo. Además señala que no se saben cuáles objetos fueron retirados ni dónde se encuentran.
“Los museos son instituciones autónomas. Deberían tener una independencia curatorial”, sentencia. “Excluir las historias de grupos que han sido históricamente marginados limita la posibilidad de que estas instituciones representen la pluralidad de la sociedad”.
La definición de museo aprobada por ICOM en 2022 —en cuyo comité redactor participó Bonilla— reconoce, precisamente, la importancia de la accesibilidad, la inclusión, la diversidad y la participación de las comunidades.
Además, Bonilla-Merchav destacó que el nuevo código de ética de la organización, aprobado en junio de este año tras un proceso de revisión de seis años, refuerza la importancia de la autonomía profesional y del reconocimiento de las comunidades históricamente subrepresentadas.
“Un museo es una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos.”
— Consejo Internacional de Museos
Bonilla-Merchav advierte que esta discusión no solo sucede en Colombia. “Ha habido cierres y dificultades para espacios de memoria en Argentina y Chile, así como la eliminación del Ministerio de Cultura durante el Gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil. También en El Salvador se han prohibido el uso de palabras como ‘diversidad’ y ha ocurrido una modificación completa de la curaduría”, explica.
En ese marco, ella cuenta que desde ICOM-LAC, agregó, se prepara un pronunciamiento dirigido a las autoridades colombianas. Entre sus demandas están que se identifiquen las piezas retiradas, se informe dónde están y en qué condiciones se conservan, y se respete la autonomía de los profesionales encargados de gestionar el patrimonio.
Por su parte, en Colombia, el Museo de Arte Moderno de Bogotá (Mambo) y otros cinco museos del país firmaron una declaración en la que expresaron su “profunda preocupación” por lo ocurrido y exigieron a la ministra de Cultura que “garantice la autonomía de los museos”.
“Ningún gobierno debería decidir qué podemos ver de nuestra historia según sus afinidades políticas, ni imponer una versión que suprima las demás”, se lee en la carta.

La ministra de Cultura de Colombia, Paola Holguín, defendió el retiro de las piezas y afirmó en su cuenta de X que la vocación del Museo Nacional no consiste en servir como “instrumento de adoctrinamiento político” ni como “foco de difusión de versiones sesgadas” de la historia. También sostuvo que la institución no puede ser un espacio de “apología al delito o revictimización”.
Por su parte, el expresidente Juan Manuel Santos escribió en X que “la historia y la memoria de un país no se borran. Por el contrario, se protegen y se utilizan para unirnos como nación, no para dividirnos”.
