Revista Dominical

La invasión de los ‘geckos’ en Costa Rica

En los 90, los <em>geckos</em> llegaron para quedarse y desde entonces nos han despertado gratitud y repugnancia, miedo y fascinación.

Las almohadillas en sus patas tienen microvellosidades (tan pequeñas como 20 millonésimas de un metro) que les permiten fusionarse con la materia a escala molecular.  |  FOTO: DANIEL JIMÉNEZ PARA LA NACIÓN
Las almohadillas en sus patas tienen microvellosidades (tan pequeñas como 20 millonésimas de un metro) que les permiten fusionarse con la materia a escala molecular. | FOTO: DANIEL JIMÉNEZ PARA LA NACIÓN Daniel
Los ‘geckos’ son los únicos reptiles capaces de ver a colores en la oscuridad. (Daniel Jiménez para La Nación)

Citemos mal a Augusto Monterroso: cuando despertamos, el gecko ya estaba ahí. Más que llegar, el gecko se materializó en nuestras casas. En algún punto de la década de los 90, estos reptiles empezaron a pasearse, sin invitación, por los hogares de prácticamente todo Costa Rica. Nadie los había visto nunca, y desde entonces nadie los dejó de ver.

En algunos hogares, los tienen en categoría de mascotas, mientras que en otros están proscritos como plagas. Nuestros lectores más amorosos nos reportaron desde Facebook que “sus geckos ” tienen nombres propios: apelativos de entrecasa como Antonio, Tomás y Óscar Asís; importados, como Fletcher y Jimmy; caricaturescos como Rango y Juancho, y alguno con aires de dandi, el refinado Gaspar Le Gecko. En otros hogares menos amigos de los huéspedes se los espanta a escobazos, los gasean con insecticida o los usan como blanco para ejercitar la puntería.

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