En los libros de Enrique Vila-Matas, un escritor puede convertirse en personaje, un capítulo literario puede ser revisitado con otros ojos y, sobre todo, se abren muchas preguntas mucho más interesantes que cualquier respuesta.
Esa manera de entender la ficción le valió al autor barcelonés el Premio Nacional de las Letras Españolas 2026, concedido este martes 27 de octubre por el Ministerio de Cultura de España. El reconocimiento, que le da €50.000, aplaude toda su obra.
El jurado destacó su “influencia decisiva en la narrativa contemporánea, su contribución a la tradición borgiana en español y su originalidad formal, además de su fidelidad al espíritu metaficcional de Miguel de Cervantes”. También elogió su capacidad para difuminar las fronteras entre realidad e invención y convertir la lectura en una aventura intelectual.
A sus 78 años, Vila-Matas suma este reconocimiento a una trayectoria que incluye el Premio Herralde de Novela, el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Formentor de las Letras, que recibió en 2014 por el conjunto de su obra.
Influyente y único
Fotografía de archivo del 21 de febrero de 2014 del escritor español Enrique Vila-Matas durante la presentación de su última novela "Kassel no invita a la lógica" en la Fundación Tàpies de Barcelona (España). (Toni Albir)
Nacido en Barcelona en 1948, Vila-Matas estudió Derecho y Periodismo y comenzó su vida profesional como redactor de la revista cinematográfica Fotogramas. Con el paso de las décadas construyó una obra traducida a una decena de idiomas, caracterizada por el diálogo con otros escritores, la experimentación narrativa y un humor constante (mucha ironía).
Para acercarse a Vila-Matas hay que aceptar que sus historias no siempre avanzan en línea recta. Sus novelas pueden combinar narración, ensayo, referencias literarias y reflexiones filosóficas. Sus personajes suelen ser escritores o lectores, de hecho.
En Bartleby y compañía (2000), una de sus obras más reconocidas, el autor explora los pensamientos de quienes abandonaron la escritura o decidieron no continuarla. El punto de partida es Bartleby, el personaje de Herman Melville que responde a las peticiones de su empleador con una negativa desconcertante: “preferiría no hacerlo”.
A partir de esa figura, Vila-Matas indaga en las contradicciones de la creación literaria y plantea una pregunta tan sencilla como inquietante: ¿qué significa ser escritor cuando se deja de escribir?
En París no se acaba nunca (2003), el autor vuelve sobre sus años de juventud en la capital francesa y su formación como escritor. La memoria se mezcla con nostalgia y autoficcióna, como si recordar fuera también una manera de reescribir la propia vida.
Por su parte, El mal de Montano (2002) habla sobre la enfermedad de estar tan infectado de literatura que la vida real se confunde con los libros y el lector ya no puede separar su existencia de lo que lee, mientras que en Doctor Pasavento (2005) cuenta la historia de un narrador y escritor llamado Andrés Pasavento que decide desaparecer del mapa.
También vale la pena echar el ojo a Historia abreviada de la literatura portátil (1985), donde narra la historia de los Shandys (o “portátiles”), una singular y excéntrica sociedad secreta fundada en 1924 llena de escritores.
Leerlo exige curiosidad, pero terminar un libro suyo deja, irónicamente, preguntas sabrosas de digerir y nuevas maneras de concebir la literatura. Sus referencias pueden conducir a nuevos autores y sus digresiones obligan a reconsiderar qué significa escribir y qué significa leer. ¿Qué mejor para un amante de las páginas quedar atrapado en esa espiral de preguntas?
En Costa Rica, sus obras se pueden conseguir en Librería Internacional, Libros Duluoz, Librería Andante, Otros Mundos, entre otras.