Una tormenta puede ser el retrato de una batalla interior. Una flor, la imagen de alguien que logró salir de una enfermedad. Un bote que avanza en medio de la oscuridad puede representar la esperanza de quienes abandonan su hogar sin saber qué encontrarán al otro lado.
Esas son algunas de las historias que conviven en Renacer, una exposición colectiva que reúne el trabajo de 20 artistas en la Biblioteca Nacional, en San José. La muestra propone una reflexión sobre los momentos de inflexión que atraviesan las personas y las distintas maneras de encontrar una salida después de una experiencia difícil.
Las obras parten de vivencias relacionadas con la salud física y mental, pero no se limitan a ilustrar el sufrimiento. Sus autores recurren al simbolismo, la fantasía, los autorretratos y las experiencias familiares para explorar aquello que ocurre cuando una persona debe reconstruirse y encontrar una nueva manera de mirar su vida.
Catarsis
En uno de los cuadros, Ricardo Vega presenta un autorretrato titulado En la tormenta. La pintura muestra una atmósfera de tensión y una luz que parece abrirse paso entre las dificultades. Para el artista, la obra representa esos días en los que las emociones se acumulan y resulta necesario encontrar una forma de expresarlas.
«El arte es lo que realmente nos salva. Por lo menos a mí, como artista, me ha servido como catalizador de emociones para poder transmutarlas en una pintura y sacar todo eso que tengo acumulado», explicó.
Vega eligió la técnica del temple graso, una preparación que combina yema de huevo, agua y aceite de linaza. También trabajó sobre un lienzo de lino preparado mediante procedimientos tradicionales, similares a los utilizados durante el Renacimiento.
El proceso completo le tomó alrededor de mes y medio. No se trató únicamente de pintar: debió preparar la tela, aplicar las distintas capas de imprimación y esperar los tiempos de secado. La obra es, además, parte de una serie de autorretratos que realiza cuando atraviesa puntos de inflexión en su vida.
Su intención es que el espectador no se quede únicamente con la imagen del artista, sino que encuentre algo propio en ella. «El que termina la obra es el espectador», señaló.
Una búsqueda de sentido también aparece en Esfuérzate y valiente, de Roxana Miranda. La artista construyó una composición simbólica a partir de su experiencia personal y de su fe cristiana.
La pintura representa un recorrido desde el dolor hacia la recuperación. Las sandalias, por ejemplo, evocan distintas etapas de ese camino: al principio aparecen deterioradas y grises; conforme avanza la transformación, adquieren color hasta convertirse en zapatos. La figura central termina convertida en una flor blanca, imagen de una vida que vuelve a florecer.
«Si no me hubiera agarrado de Dios, esta Roxana Miranda no estaría aquí el día de hoy», contó la artista al explicar el origen de la pieza.
El acrílico fue el medio que escogió para desarrollar la composición. Trabajó mediante veladuras, capas transparentes de pintura que requieren tiempo de secado antes de aplicar la siguiente. Algunas de sus obras pueden tener hasta 30 capas, y esta le tomó aproximadamente tres meses.
La experiencia de una enfermedad también está presente en Triunfo, una obra inspirada en la historia de la madre de Heidi Jaen. Su madre sufrió un aneurisma cerebral que le provocó importantes secuelas y la dejó en condición de dependencia.
La pintura representa distintas etapas de ese proceso. Las venas del cerebro aparecen como parte de la composición, mientras que una figura femenina vestida de gris evoca el momento de la enfermedad. En el centro, una gardenia introduce otro significado: la tranquilidad alcanzada después de atravesar el caos.
“Es una representación y un homenaje a la fortaleza, a seguir adelante y al apoyo de la familia”, comenta Jaen.
La artista trabajó con acrílico y dedicó alrededor de tres meses a completar la pieza. “Yo de hecho no suelo abordar la figura humana, pero aquí la idea vino por sí sola”, agrega.
El renacer también está en lo colectivo
No todas las obras de Renacer se acercan a la transformación desde una experiencia individual. Algunas amplían la mirada hacia situaciones sociales y humanas que obligan a empezar de nuevo.
Ese es el caso de Migración, de Jorge Díaz, una pintura que plantea la travesía de quienes abandonan sus países en busca de un futuro distinto.
“La imagen de un bote en medio de la oscuridad funciona como metáfora de la incertidumbre. No se sabe con certeza de dónde viene ni hacia dónde se dirige. Tampoco se distingue a alguien que lo impulse: la propia embarcación parece convertirse en una fuerza que avanza”, explica el autor.
Díaz relaciona esa imagen con la experiencia de quienes salen de sus hogares sin llevar consigo más que la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida.
“Cuando usted sale, sale sin nada. Es como volver a esa relación de cómo va a ser migrante uno en su propio planeta”, reflexionó.
El artista también ha trabajado con personas en situación de calle y población privada de libertad. Esas experiencias han influido en su manera de entender la vulnerabilidad y las oportunidades que determinan el destino de las personas.
Para él, “renacer implica recordar que todos deberían tener acceso a condiciones básicas como alimentación, vivienda y un techo. Es algo que merecemos todos los seres humanos”.
La fantasía, por su parte, es el lenguaje elegido por Rubén Vargas y su obra Siempre subiendo. El artista construyó una composición llena de colores con un duendecillo como protagonista que simboliza el optimismo ante circunstancias apremiantes.
“Desde niño sentí fascinación por los duendes y otros seres fantásticos. Según me acuerdo, yo supuestamente hablaba con ellos. Con los años convertí ese interés en una temática artística que busco desarrollar en Costa Rica, donde este tipo de propuestas todavía tiene poca presencia”, analiza.
Otra manera de abordar los ciclos de transformación aparece en el trabajo de Marta Yglesias Pisa con su obra Noviembre y todas las lunas, inspirada, naturalmente, en las fases de la Luna, desde su nacimiento hasta su desaparición y posterior regreso porque “ahí reside el simbolismo”, explica la artista. También destaca Danza para la resiliencia, donde “quiero retratar cómo enfrentamos historias de resistencia ante la vejez, los traumas y las situaciones imprevistas”.
En Crecer desde adentro, la artista Jessyel también aborda la transformación interior. La obra, realizada al óleo sobre tela, muestra una figura humana desnuda que flota en el centro de una concha nácar o madreperla.
La artista explicó que “en mi obra el renacer se ve a través de una figura desnuda en su estado más crudo que flota en el centro de una concha nácar, o madreperla, que la envuelve y la integra. El centro es el punto de origen para que algo nazca, tome forma y se expanda. Así abordé esta idea desde los ciclos de transformación interior por los que pasa continuamente una persona”.
No se la pierda
La exposición Renacer permanece abierta al público en la Biblioteca Nacional hasta el 30 de noviembre, de lunes a viernes, de 8 a. m. a 6 p. m. La entrada es gratuita.
La muestra reúne a Cristina Ordoñez, Fernando Rudín, Flora Castro, Gabriela Catarinella, Gerardo Coto, Gina Marín, Heidy Jaén, Jessyel, Jorge Díaz, Man Yu, Manuel Mena, Marta Yglesias, Osaldo Sequeira, Ricardo Vega, Rodrigo Molina, Roger Zamora, Roxana Miranda, Rubén Monsalve, Rubén Vargas y Tonny Salazar.
Cabe subrayar que cada pieza tiene información de contacto de su autor, de manera que las personas interesadas en adquirir la obra pueden contactar a su creador.