El artista y gestor cultural Luis Guillermo Chacón González (1953-2024), conocido como Luis Chacón contribuyó decisivamente al arte costarricense entre finales del siglo XX e inicios del XXI. Como parte de sus aportes, destaca la creación de la Galería Nacional de Arte Contemporáneo (GANAC), cuya colección de arte internacional pertenece hoy al Museo de Arte Costarricense (MAC), la creación del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) en 1994 y su papel como promotor del Grupo Bocaracá a finales de la década de 1980.
Por lo tanto, en reconocimiento a su trayectoria y legado, el MAC presenta actualmente la exposición Reapropiaciones: El sincretismo plástico de Luis Chacón. En ella se aborda la producción de Chacón desde su propia premisa de que “El arte es creación, es renovar”. De hecho, su obra planteó la pregunta recurrente a lo largo del siglo XX sobre qué es el arte, para lo cual se basó en un juego de contrarios al tomar referencias de culturas y temporalidades disímiles, poniéndolas a dialogar en una misma superficie. Esta síntesis solo es posible en el horizonte que abre el posimpresionismo, cuando el arte ganó conciencia de su propio lenguaje y el artista pudo tomar la historia como materia prima. Chacón lo hizo desde una perspectiva teórica y deliberada, de manera que su sincretismo no fue una mezcla casual, sino una fusión que afirma la vigencia del acto creador.
Además, su obra dialoga con uno de los debates centrales del arte moderno, como lo es la tensión entre la alta cultura y la cultura popular. Con respecto a lo anterior, el crítico Luis Fernando Quirós, en la reflexión sobre esta muestra publicada en Masa Crítica, señala que Chacón logró, dentro de la matriz pictórica de tradición modernista, transformar lo popular en el motor de la vanguardia latinoamericana, en línea con los debates de José Gómez Sicre, Marta Traba, Juan Acha y Damián Bayón. Por lo tanto, desde ese puente conceptual, lo latinoamericano resolvió la fractura entre “lo culto” y “lo popular” mucho antes de que las instituciones metropolitanas intentaran normarlo. En Chacón lo anterior se aprecia al incorporar en sus trabajos objetos producidos en masa, a manera de souvenirs, artesanías e incluso objetos de uso cotidiano, como los presentes en sus obras donde se remite a los maleficios, por lo que se recurre a la cultura popular latinoamericana, pero al mismo tiempo, dentro de sus obras se aprecian claras referencias a tendencias desarrolladas en los centros artísticos hegemónicos, por ejemplo, pinturas semejantes a los color fields y al dripping del expresionismo abstracto estadounidense.
El artista y gestor cultural
En una entrevista para el MAC que data de 2023, Chacón manifestó que en la investigación artística “se trata, a través de la obra, de descubrir al artista y la realidad de un momento histórico del país”. Con ese espíritu, a través de la exposición sobre Chacón actualmente el MAC presenta una exploración formal fundamentada en los planteamientos críticos sobre el arte moderno. Para ello, la muestra reunió obras de la colección del museo, de las cuales 82 corresponden a la autoría de Chacón, siendo 66 de ellas adquiridas como donación durante 2025. La muestra también ha permitido un diálogo alrededor de las diversas facetas de este artista, ya que en la visita guiada efectuada el pasado 16 de julio dentro del marco de la conmemoración del 55 aniversario del Ministerio de Cultura y Juventud, la historiadora del arte Elizabeth Barquero y el artista Roberto Lizano generaron una valiosa discusión sobre el legado de Chacón, junto a los curadores de la muestra.
A lo largo de su trayectoria, Luis Chacón trabajó dos temas fundamentales: el paisaje y los recursos visuales de diversas culturas. Sin embargo, no se limitó a reproducir formas del pasado, pues las resignificó para producir relaciones entre lo contemporáneo y lo antiguo, de manera que la originalidad de su quehacer consistió en haber desarrollado un lenguaje contemporáneo cargado de memoria. Al respecto, Barquero señaló que “un elemento clave en su sólida formación fue su espíritu inquieto, persistente, juicioso, orientado a la investigación del arte como fenómeno plástico alrededor del mundo, lo que lo convirtió en un viajero constante, un estudioso del enigma simbólico de las culturas más antiguas de la humanidad”.
Sincretismo
La obra de Chacón estuvo atravesada por una constante inclinación hacia las identidades universales, desplazándose entre la hibridación característica del arte moderno latinoamericano y la reutilización de múltiples materiales, formas, símbolos y objetos como parte de su estrategia creativa, en un contexto cultural en el que el sincretismo se considera parte fundacional de la modernidad artística latinoamericana. Esa inclinación hacia la confluencia de diversos elementos se relaciona también con la formación académica de Chacón y su contacto con diversas manifestaciones culturales a través de los viajes, aspectos integrados como parte de sus obras. Lo anterior se aprecia en Taj Mahal en París de 1991 (acrílico, MAC-5886), donde la bruma parisina evoca el mármol blanco de este mausoleo ubicado en Agra, India.
Elizabeth Barquero, al referirse al proceso creativo de Chacón, manifestó que su interés no yacía en los objetos por sí mismos; sino en lo que comunican, “el verdadero arte se puede hacer con cualquier cosa”, afirmó. También agregó que para este artista “la técnica radica en la perfección con que se haga lo que se está trabajando, pero es la comunicación que se establece entre la obra y el espectador lo que hace el verdadero arte”. Durante la vista del pasado julio, el historiador del arte Efraín Hernández, por su parte, describió a Chacón como “un artista capaz de borrar las fronteras de todo, y juntarlas en una sola cosa que lo significa todo”.
Barquero apunta que “una de las secciones en las que más se refleja esa espontaneidad es la cerámica”, pues Chacón elaboró obras con fragmentos de floreros y jarrones, convirtiendo sus ensambles en lo que ella misma describe como “pequeños museos en sí mismos”, como se puede apreciar en Árbol del bien (cerámica sobre madera, 1999, MAC-7683). Esta línea de pensamiento se aprecia igualmente en otras obras tridimensionales, como María Antonieta (cerámica y estuco sobre madera, 2009, MAC-7672) la cual es un collage a partir de restos de una pieza cerámica tridimensional adheridos a una moldura, soporte propio de las obras bidimensionales en el arte occidental, por lo que en sí es una confluencia de lenguajes distintos. Esta obra en particular, ganadora de una mención de honor en la IV Bienal Nacional de Cerámica (2010), remite tanto al legado de las vanguardias del siglo XX, como el cubismo y el dadaísmo, así como a la tendencia de las obras pictóricas de Chacón, donde un color articula el conjunto de los elementos plásticos, en este caso el rojo del marco.
La ruptura de fronteras o límites artísticos de Chacón sugerida por los participantes de la visita guiada ejemplifica también una ruptura a nivel de concepción del fenómeno artístico propuesto por el pensador español José Jiménez. Para él, todavía hasta parte del siglo XX tuvo vigencia un modelo donde la artesanía se concebía separada del arte, como algo tangencial, mientras que actualmente, sobre todo después de las vanguardias y el arte contemporáneo, se presenta un traslape entre ambos ámbitos de creación, por lo que sus límites se presentan difusos.
Más allá de lo local
La obra de Luis Chacón, tal como la presenta Efraín Hernández en el texto Sensaciones (1988), se construye sobre un vasto conocimiento de la historia del arte sometido a un proceso activo de selección, combinación e integración. Desde el arte etrusco hasta las vanguardias del siglo XX, sin dejar de lado las referencias a la cultura popular latinoamericana.
No obstante, dentro de su producción se encuentran obras que remiten a confluencias que van allá del encuentro entre lo europeo y lo indígena o incluso lo africano, con lo cual se asocia usualmente a la cultura latinoamericana. Tal es el caso de la obra titulada China Poblana (serigrafía, 1998, MAC-7702), pues el título remite tanto a la vestimenta tradicional del estado mexicano de Puebla, como a un personaje histórico específico: Catarina de San Juan (1605-1688). Oriunda de lo que actualmente es India, de joven fue llevada al Virreinato de Nueva España bajo condiciones de esclavitud y la tradición popular le atribuye erróneamente la confección de dicha vestimenta.
En la serigrafía homónima de Chacón, una figura humana se construye a partir de símbolos de múltiples contextos, entre ellos la esvástica proveniente de tradiciones religiosas del subcontinente indio. El contexto histórico de este personaje pone en evidencia que América Latina ha experimentado la confluencia de diversas poblaciones: europeas, africanas, asiáticas y autóctonas; básicamente desde el arribo de los primeros europeos, lo cual se ha traducido en un sincretismo de larga data.
El interés de Chacón por las culturas asiáticas, que conoció de primera mano, se refleja también en obras pertenecientes a serie El Jardín de Buda (collage, textil y acrílico sobre lienzo, 2007, MAC-7703), donde la vegetación alude a su veta paisajística y la composición gira alrededor de un color principal. De igual forma, en el acrílico sobre tela de 2017 Alepo (Destrucción total) (MAC-7684), el interés por las culturas no occidentales se pone en evidencia mediante motivos caligráficos similares a la escritura árabe sugieren cuerpos humanos desgarrados.
Por lo tanto, la propuesta de Luis Chacón partía de la confluencia de estilos y tradiciones heterogéneos, en consonancia con su convicción de que las identidades latinoamericanas deben expresarse abiertamente en el arte. Su legado es el de un artista que hizo de la recolección, la resignificación y la síntesis una forma de conocimiento, un lenguaje propio construido desde la memoria del mundo. La exposición Reapropiaciones: El sincretismo plástico de Luis Chacón permanecerá abierta hasta el 4 de octubre de 2026 en la Herradura del Museo de Arte Costarricense, La Sabana.