Don Edgar Fonseca todavía lleva en la piel las marcas de La Penca. Han pasado 42 años desde aquella tarde de mayo de 1984 en que una falsa cámara de televisión escondía una bomba que terminó convirtiendo una conferencia de prensa en una carnicería. Don Edgar estaba allí. Sigue allí.
La explosión le dejó heridas que el tiempo no consiguió borrar del todo. “Pero yo no quise que la Penca me marcara el destino, sino tenerlo en perspectiva”, reflexiona hoy.
Después de aquella bomba siguió siendo periodista. Y antes de aquella bomba ya había aprendido que el oficio podía dejarlo vulnerable. “El periodismo es un oficio de alto riesgo, porque es de alta importancia”, reflexiona mientras explaye sobre la mesa sus recuerdos.


Vida movida
Don Edgar entró a La Nación en noviembre de 1975, cuando todavía no cumplía 20 años. Era estudiante de Periodismo y aquella fue su primera sala de redacción, una en la que se quedaría casi 38 años, siendo jefe de información, jefe de redacción y director en Al Día (2001-2012).
Durante los primeros nueve fue reportero de sucesos. “Me vinculé no solo al drama, a la tragedia, al dolor y al sufrimiento en la vida diaria, sino también a la supervivencia ante la adversidad, ante el dolor, ante los desafíos de la vida”, recuerda. Luego la historia comenzó a llevarlo lejos.
En 1976 subió por primera vez a un avión para cubrir el terremoto de Guatemala. En 1978, en Río Frío, un grupo de periodistas fue atacado por avionetas de la dictadura somocista (los confundieron con guerrilleros). En 1979 estuvo en Managua cuando las fuerzas sandinistas entraron en la ciudad y una multitud comenzó a gritar: “Queremos paz, queremos libertad y queremos democracia”. Los gritos de aquella gente están intactos en su mente.


En 1980, el entonces director Eduardo Ulibarri lo sacó de sucesos para incorporarlo a una nueva Unidad de Investigación de La Nación, dirigida por Guillermo Fernández y dedicada a investigar la penetración del narcotráfico en Costa Rica. Cuatro años después llegó La Penca. “Fue una experiencia dramática, dolorosa, abominable. No se la deseo a nadie”.
En 1989 quiso cruzar hacia Panamá para informar sobre la invasión estadounidense. Cuando su jefe supo de su decisión, él ya estaba llamando desde Chiriquí, en el país vecino. Con el fotógrafo José Venegas llegó hasta Santiago de Veraguas.
Don Edgar recuerda que pasar a aquella ciudad era casi impenetrable: los vehículos no podían avanzar, la ciudad estaba cerrada. La única forma de acercarse a Panamá era conseguir un espacio en un camión de verduras. “Así que nos montamos, uno hace lo que sea para llegar adonde hay que llegar”, dice firmemente..
Años después escucharía en La Habana a una multitud desafiar al castrismo con una sola palabra. En 1998, durante la visita de Juan Pablo II a Cuba, comenzó el grito: “Libertad, libertad, libertad”.

También estuvo en el Vaticano, donde una modificación de último momento en una agenda oficial le permitió subir a la Biblioteca Apostólica y saludar al pontífice. Fueron escenas distintas, en países distintos, bajo gobiernos distintos, pero para él había algo que las conectaba: la palabra “libertad” aparecía una y otra vez en medio de la historia.
“Y aquí lo que más me interesa decir es que, en estos 51 años de ejercicio periodístico, nunca había vivido una etapa de tanta amenaza a la democracia, a las libertades fundamentales de Costa Rica y, en particular, de amenaza al ejercicio irrestricto de la libertad de expresión”.
Después de haber estado tan cerca de la violencia, después de haber visto caer sobre una sala de prensa una bomba, es contundente: “hay riesgos más sutiles, hay riesgos más difíciles de palpar que enfrenta permanentemente el periodista”, explica.
“Son las amenazas, las acusaciones judiciales, el deterioro de las condiciones para ejercer la libertad de prensa. El primer punto de ataque de cualquier movimiento o estrategia autoritaria populista es vulnerar la libertad de prensa. La Nación, en estos 80 años, se convierte, al fin y al cabo, en una fuente de contrapeso contra el poder y todo lo que nos ayude a informarnos y tomar decisiones país debe ser protegido”.
Este texto es parte del especial por los 80 años del periódico La Nación. Puede leer los demás artículos en este link.
