Revista Dominical

El dólar: una historia de amores y odios

Los estadounidenses dicen que su dinero es gris y aburrido, pero a los ticos nos tiene entre dos pasiones. Hay quienes quieren que su apreciación siga; otros anhelan verlo caer.

George Washington sabe cómo jugar con nuestros sentimientos. Eso lo sabemos bien porque lo ha hecho sin contemplaciones por las últimas semanas, cuando el dólar –desde donde nos mira– llegó a aumentar su valor en colones hasta un 12%.

Gracias a ello, Rafael Villalobos tiene ahora una nueva costumbre. En la mañana, y al regresar a su casa, por la tarde, revisa la salud de su salario o, lo que es lo mismo, se fija cómo está el precio del dólar.

Él tiene una linda casa en un condominio en San Pablo de Heredia. Su esposa, Beatriz, quien es arquitecta, diseñó las líneas neocoloniales de esa construcción que alberga a una familia de cinco, y por la que todavía deben pagar diez años de un préstamo en dólares. Rafael es el sostén financiero del hogar, y gana en colones como director de una organización de bien social.

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