Brasil y Francia se enfrentaban en el estadio Gerland de la ciudad de Lyon, en un partido amistoso.
A los 20 minutos del primer tiempo hubo una falta a favor de los suramericanos. Pero ni siquiera fue cerca del área; era a medio camino rumbo al círculo central. Una locura patear al arco. Pero Roberto Carlos se inventó un remate que entró a los libros de historia.
Además de superar la larga distancia, el disparo realizó otra proeza: parecía irse a un costado, pero el efecto que le puso el brasileño con su pierna izquierda hizo que la trayectoria cambiara en el aire para entrar pegadita al poste.
El marcador terminó siendo apenas una anécdota: empate 1 a 1. El gol francés, del que nadie se acuerda, llegó por intermedio de Marc Keller al minuto 60.