Hace casi un año, la Selección de Costa Rica quedó fuera del primer Mundial de la historia con 48 países. En ese momento pensamos que el fútbol nacional había tocado fondo, pero con nuevo entrenador y en un nuevo proceso, la Tricolor demuestra que su capacidad de hundirse y dar pena es infinita.
El equipo llegó a nuevos mínimos con la derrota ante Curazao por la Nations League, que agota todos los adjetivos: vergonzosa, ridícula, sonrojante...
Ya desde antes del desastre en la cancha, la Sele estaba rodeada de polémicas innecesarias: que si Fernando Batista no pudo levantar el teléfono para llamar a Keylor Navas, que si puso al médico a hablar con Kenay Myrie, que si Juan Pablo Vargas renunció porque al parecer solicitó condiciones que no eran de recibo... Demasiado ruido para el inicio formal de un proceso que, en teoría, iba a recomponer la relación con los aficionados.
Posterior al desastre en Curazao, el jugador Carlos Barahona hizo una revelación todavía más increíble: que el plantel no había entrenado “como se debe” (según sus palabras) la línea de cinco que significó el naufragio total en el segundo tiempo. Josimar Méndez lo secundó, diciendo que el cambio táctico pudo haberlos “confundido”.
Por supuesto, no todo es culpa del entrenador. Costa Rica carece de jugadores en las ligas top del mundo, salvo Jeyland Mitchell, que esta temporada empieza su andadura en Francia. Y se nota.
Hay legionarios en ligas remotas que pagan bien, pero con estadios que parecen polideportivo de barrio. Entre la lesión de Alonso Martínez, el castigo de Manfred Ugalde y las travesuras de Alejandro Bran (ojalá haya aprendido la lección), quedó un equipo diezmado, de bajo perfil y sin figuras relevantes. A ello se suma un entrenador que, según sus propios futbolistas, ni siquiera trabaja lo suficiente el sistema que van a utilizar en los partidos.
Por cierto, si Batista quería mandar a la banca a Patrick Sequeira, ¿por qué entonces no llamó a Keylor, el mejor portero de la historia y que todavía muestra grandes condiciones?
La Liga de Naciones es un torneo corto y ahora queda la oblicación de recuperar los puntos en casa, con un equipo cuestionado y un cuerpo técnico en la cuerda floja. El fracaso que vivimos hace un año con la eliminación del Mundial no era la última estación: era apenas un paso intermedio hacia el abismo interminable.
