
Bryan Ruiz, Celso Borges y Keylor Navas vuelven a estar juntos en la Selección de Costa Rica. Verlos ahí, entre la desesperanza por los malos resultados le produce a muchos la sensación de que ellos pueden hacerlo una vez más, como en los viejos tiempos.
Con la Tricolor al borde de un abismo, Bryan Ruiz emerge en el rol de técnico interino para intentar en primera instancia, evitar el descenso de la Selección Nacional a la Liga B de Concacaf.
Porque ese es el gran riesgo que se corre en este momento, luego de que a Fernando Batista se le salió de las manos aquel partido vergonzoso que Costa Rica ganaba 3-0 ante Curazao en el Estadio Ricardo Saprissa y que terminó perdiendo 3-4, sumando otra derrota en Jamaica ante Haití, por 2-0.
El argentino fue destituido unas horas después de que la Sele retornó al país y el nombramiento de Bryan Ruiz como técnico interino fue una decisión unánime del Comité Ejecutivo de la Federación Costarricense de Fútbol.
Una de las primeras decisiones de Bryan fue recurrir a jugadores que conoce a ojos cerrados y no por ser sus amigos, sino por lo que él sabe lo que pueden dar en la cancha y en el camerino para fortalecer y levantar de inmediato a un grupo muy golpeado.
El fútbol costarricense vuelve a acudir a sus raíces de gloria para reencontrar el rumbo. En medio de un proceso de transición generacional donde la juventud abunda pero el roce internacional escasea, la reunión de tres figuras de la época dorada no representa una simple coincidencia nostálgica.
Pareciera un movimiento táctico y anímico diseñado para blindar el vestuario de la Selección Nacional. El vínculo entre este tridente trasciende los pizarrones: se moldeó en la exigencia de las eliminatorias mundialistas, en la gesta del Mundial de Brasil 2014 y en pasajes adversos como el recordado partido de la nieve en Denver.

Años después, el tiempo ha reorganizado sus roles sin alterar su peso específico. Hoy, Ruiz asume el mando desde el banquillo como director técnico, Borges aporta equilibrio y pausa en la zona de creación, mientras Keylor Navas regresa al marco para inyectar liderazgo y seguridad bajo los tres palos.
Quienes sugieren que este reencuentro responde a un lazo de amistad no se equivocan, porque son amigos. Sin embargo, en la alta competencia la afinidad personal solo cobra valor si está respaldada por rendimiento y ascendencia sobre el grupo.
Para comprender el impacto de esta decisión, la lectura de quienes compartieron vestuario en la era dorada resulta reveladora.
El exfutbolista y referente del gol costarricense, Álvaro Saborío, respaldó sin vacilaciones la estrategia de Bryan Ruiz al reclutar a sus antiguos compañeros de 1.000 batallas.
“Me parece muy acertado de parte de Bryan llamar a los líderes que tenemos actualmente a que ayuden a guiar el camerino, ellos tienen bastante experiencia y eso necesita la Selección en este momento”, afirmó Álvaro Saborío a La Nación.
Conociéndolos como personas, como futbolistas y siendo testigo en primera fila de lo que la Selección de Costa Rica significa para los tres, el exgoleador no tiene dudas de lo que pasará.
“Creo que van a ayudar mucho y más allá del resultado van a ayudar a que ese montón de jugadores con muy pocos partidos vayan asimilando y acumulando experiencia”, apuntó.
Álvaro Saborío: ‘No se pueden quitar de golpe ese tipo de jugadores’
Alvaro Saborío enfatiza que los relevos generacionales no pueden ejecutarse de forma intempestiva sin pagar un alto costo en la cancha.
En ese sentido, la presencia de futbolistas centenarios en internacionalidades funciona como un amortiguador indispensable para los nuevos talentos que se abren paso en el equipo patrio.
“Soy del pensar que si tenemos que aprovechar jugadores con más de 100 partidos, ellos pueden ayudar a guiar a los jugadores que van llegando y ellos van a ir adquiriendo esa experiencia.
”No se pueden quitar de golpe ese tipo de jugadores. Sobre ellos tres van a hacer las cosas para el bien de la Selección; demuestra que vea que siempre están dispuestos a ir y ayudar en lo que ellos puedan”, explicó Álvaro Saborío.
El reto inmediato para la Selección rebasa lo puramente futbolístico. El verdadero desafío de Bryan Ruiz estriba en transmitir identidad, resiliencia y sentido de pertenencia a un plantel en reconstrucción.
Porque aquel ambiente de funeral que se percibía en el vuelo chárter de regreso a Costa Rica tras la derrota contra Haití tiene que desaparecer por completo, confiar en el talento, en entender que si los jugadores están ahí es por algo e intentarlo otra vez.
En esa tarea, Bryan Ruiz pondrá en práctica todo lo que ha estudiado en los últimos cuatro años desde que se retiró y lo que aprendió como técnico de liga menor y como auxiliar de Alexandre Guimaraes y Óscar Ramírez.
Mientras que Keylor Navas y Celso Borges no solo aportarán minutos en la cancha, sino que actuarán como extensiones del cuerpo técnico en el día a día.
Lejos de ser un ejercicio de añoranza, la apuesta por la veteranía del portero y del mediocampista busca sentar bases firmes para el futuro cercano, con la intención de que el legado de la generación más exitosa del país sirva como puente para salir del abismo.
Y hasta quizás, de ese camerino actual de la Selección surja otra amistad como la de ellos tres, que hoy están de vuelta.
