Opinión

Voto preferencial, sin fraude

El peligro está en la manipulación

Al oponerse al voto preferencial, tanto don Rodolfo Cerdas ("Una ruta equivocada", 1° de abril), como de nuevo don Kevin Casas ("Precio del voto preferencial", 31 de marzo), lo que objetan como primer argumento no es el sistema en sí, sino los riesgos que acechan a toda apertura a la participación popular, en la nominación de los candidatos a diputados, dentro o fuera de los partidos. Estos riesgos son los de toda elección, empezando por la de presidente: la distorsión y manipulación por las técnicas del mercadeo y la propaganda, que es la forma moderna del fraude en la presente sociedad de masas.

Por tanto, si esta objeción fuera válida, habría que concluir que no es posible la participación popular y que hay que dejar las cosas como están, lo que no es posible y sería peor (En esto se contradice don Rodolfo Cerdas, quien acepta que el sistema funciona muy mal). Si así fuera, nunca se habría llegado al sufragio universal, primero de los hombres y después de las mujeres. Los problemas señalados son de aplicación, válidos como tales, y en ese sentido son muy valiosas sus observaciones, pero solucionables. Como en lo del voto universal, en condiciones apropiadas el elector resulta ser más sabio de lo que se creía.

Por ello, el peligro no está en sí en el voto preferencial, sino en la manipulación de los electores mediante aquellas técnicas, y sus efectos colaterales dañinos para el proceso eleccionario, si al adoptarlo no se evitan también dichos riesgos. Por eso los sistemas electorales avanzados los evitan mediante medidas legales apropiadas, contra el clientelismo y la propaganda desorbitada.

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