Opinión

Tras el modelo suizo

El Triángulo de la Solidaridad puede servir para promover la democracia directa

Se aprobó el proyecto de ley para modernizar nuestro sistema municipal, el más atrasado del continente, que crea la figura de alcalde, pero no podemos contentarnos con cambios en la ley municipal. Debemos continuar de inmediato con una reforma electoral más amplia, siguiendo las líneas del modelo suizo que goza de amplia experiencia. No se trata de un asunto meramente electoral, sino de una medida estratégica de apalancamiento para contribuir a generar una visión compartida de futuro y ajustar el Estado a las nuevas necesidades.

El Triángulo de Solidaridad es una buena medida del gobierno entrante que busca promover la democracia directa y la descentralización institucional. Se trata de una iniciativa encomiable que busca trasladar a las comunidades, juntamente con las municipalidades e instituciones, la aplicación de la política social, pero que encontrará serios escollos en su aplicación dentro de las actuales estructuras institucionales. En la mayor parte de los municipios la gente votó pero no eligió, de hecho los munícipes fueron nombrados por los dirigentes partidarios. Una vez elegidos, estos rinden cuentas a los jerarcas y no a los ciudadanos que votaron "chorreado" por indicación superior.

Por otra parte, un sector de asociaciones de "la comunidad" en realidad no son otra cosa que ficciones jurídicas creadas por los diputados en protocolos amigos, para repartir sin interferencias las partidas específicas. De tal manera existen las condiciones para que el Triángulo pueda ser abusado con facilidad por los burócratas institucionales, los funcionarios municipales y las asociaciones ficticias para dar más de lo mismo, esto es clientelismo político y atolillo con el dedo al nuevo gobierno y a la comunidad nacional.

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