Opinión

Telenovelas y vacas locas

Una obra de teatro que nos devuelve el sentido de la realidad

Al igual que don Quijote -seco el cerebro por la lectura de las novelas de caballerías- Griselda y Rosalía, dos solteronas dominadas por las telenovelas, confunden a su héroe Mariano Rivas, con la realidad y lo secuestran para apropiarse de ese espejismo -realidad en sus tristes vidas, secas de afecto masculino, según el mensaje de la telenovela, y de las que huyen por el espejo hipnótico y mágico de la pantalla de televisión.

Tal es el inteligente y divertido argumento de la obra El erótico secuestro de Mariano Rivas, que, como excepción -notable en el panorama usual de vulgaridades de la cartelera teatral nacional- presenta actualmente el Teatro del Angel, protagonizada por dos actrices consagradas, Haydee De Lev y Ana María Barrionuevo, que reiteran su calidad dramática, y el tercero, Fabrizio Gómez, novel actor que luce una buena actuación.

La novela como forma de la ficción, siempre ha tenido un alto poder de evasión y hasta de alucinación; si no que lo diga el ilustre antecedente de don Miguel de Cervantes, que poco después de un siglo de la invención de la imprenta, tuvo que reírse a carcajadas del primer caso conocido de abuso de un medio de comunicación.

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