Opinión

Referéndum... y algo más

Ni los partidos ni los sindicatos han tomado conciencia de su responsabilidad actual.

Las protestas y cierres callejeros contra el llamado Combo del ICE trascienden el proyecto de marras aprobado por la Asamblea Legislativa. No solo reflejan una profunda erosión de confianza en la clase política, sino que evidencian la carencia, en nuestro ordenamiento jurídico, de mecanismos capaces de dar una salida institucional democrática a situaciones de esta naturaleza, como los que tienen las democracias más avanzadas donde existe la rendición de cuentas y control ciudadano sobre los poderes.

Un Estado a la deriva. Nuestro sistema político, con todo y haber permitido grandes avances en el pasado, corresponde más a la democracia de los gamonales del siglo XIX. Los partidos políticos son instituciones autocráticas. Los candidatos son impuestos por listas. El ciudadano puede votar pero no elegir. La misma Asamblea Legislativa no tiene control sobre la idoneidad de los nombramientos de los altos jerarcas que realiza el poder Ejecutivo, ni sobre el resultado de los programas y proyectos aprobados en el presupuesto. Un Estado donde la deuda pública crece para atender privilegios de grupos de poder y cuyo servicio, a mediano plazo, amenaza con la quiebra de la hacienda pública. Una quiebra que, de no evitarse pronto, hará colapsar los sistemas de pensiones y conducirá a la venta forzada de todos los activos públicos y no solo los del ICE. En estas condiciones el ciudadano se enfrenta a la ineficiencia de un Estado, cada vez más sobrerregulado en los detalles pero, que no exige capacidad gerencial ni resultados de sus altos jerarcas. Un estado de cosas donde la impunidad de quienes asaltan regularmente al patrimonio público se ha hecho cotidiana y donde las promesas incumplidas por las administraciones de las últimas décadas han acabado con la paciencia y credibilidad ciudadana.

Por eso no puede verse la protesta como algo referido solo al combo del ICE, sino como un desborde de tensiones que no han encontrado, por limitaciones del ordenamiento jurídico, canales institucionales para dirigir su acción de protesta y control. La solución, pues, no puede limitarse al proyecto del ICE, se requiere de una reforma institucional que en lo inmediato debe empezar por abrir el camino al referéndum que tan buenos resultados ha dado en Suiza.

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