¿Consisten los programas de campaña de los partidos políticos en una suma de propósitos sobre cómo debiera ser el gobierno o en las acciones concretas para resolver los problemas públicos? Si lo primero, pertenecen al terreno de los sueños, de la literatura, de las prédicas, de las utopías, de la política-ficción o del wish- ful thinking de las barberías, a cualquier espacio de la fantasía o de los deseos, pero no de lo que puede solucionar una situación concreta de la vida real y mucho menos de lo político, entendido como el arte de lo posible.
Al contrario, las propuestas de empleo para la función de gobierno que eso son frente al elector de los candidatos y su grupo deben plantear soluciones viables para los problemas, fundadas en los recursos existentes, armadas en el tiempo conforme las relaciones de las distintas funciones, y sus vinculaciones estructurales. Deben referirse, cierto, a la totalidad del fenómeno político, que no se limita a lo material ni a lo económico, sino que versa fundamentalmente sobre problemas de justicia y legitimidad, y a una visión de conjunto y de futuro compartidos. Pero, sobre esto, que es el substrato colectivo indispensable, debe construirse "el cómo alcanzarlo", que es la materia propia de los programas de gobierno ya que el substrato de los fines pertenece a la doctrina y a las cartas de principios. De modo que los programas necesariamente deben ser el conjunto de las acciones de gobierno, propuestas para atender los problemas colectivos en una situación y en un período concretos. Si no aterrizan en acciones concretas, posibles y congruentes de gobierno, no califican como programas de gobierno, y para ese efecto son solo ocurrencias, aunque como literatura puedan tener mérito. Y se deben rechazar, igual que un banco de desarrollo rechaza un proyecto para el que se pide crédito, si no responde a los hechos y a la realidad.
Calificación exacta. Por eso, la calificación de "ocurrencias" a las propuestas de los dos partidos tradicionales, por la que me reclama don Herman Hess, respecto de los programas del Liberación Nacional que coordinó, es exacta en su conjunto, aunque algunas partes de los programas del PLN, como la económica, se salven porque sí va a lo concreto, se basa en la realidad y es congruente. Con esa salvedad, en todo lo demás son propósitos y no programas de acción, y como tales simples ocurrencias. Pertenecen al género de los "programas", que para hacerlos, como decía don Pepe Figueres, solo se necesita un buen pichel de café. Sin perjuicio del valor que tengan, que no le discuto, como documentos preparatorios para fijar el marco de fines y propósitos. Pero no son programas.