Opinión

Prestidigitadores de la palabra

Dos físicos franceses desnudaron a los impostores intelectuales

Como el mago en el circo, algunos juegan con la palabra creando fuegos de artificio y apariencias deslumbrantes para simular lo que no existe. En política para manejar a las masas crédulas, acostumbradas al entretenimiento y a no pensar, en la actividad criminal para montar fraudes, y, extrañamente también, en los predios del pensamiento académico -que debiera ser más cauto- para hacer afirmaciones que pasan por conocimiento sin serlo.

Algunos sectores de las ciencias sociales, envidiosos de la física y la matemática, desde mediados de siglo trataron de crear una supuesta ciencia basada en postulados desde los cuales deducir el conocimiento. Naturalmente que no pudieron porque la naturaleza de sus distintos objetos de conocimiento es diferente, pero entonces lo aparentaron con nubes de palabras supuestamente científicas pero que nada significan. A este factor causal se agregaron después los intereses creados y la ideologización del conocimiento, según lo diremos más adelante. Por eso, algunos sectores de la sociología, la pedagogía, la planificación y el análisis económico, la filosofía y el análisis literario están infestados de palabrería que impresiona, pero sólo a quienes no se toman la molestia de pedir cuentas, porque entonces todo se desmorona.

Las imposturas intelectuales. Esto lo han hecho con la más reciente filosofía francesa los físicos Allan Sokal y Jean Bricmont en el libro Las Imposturas Intelectuales, actualmente objeto de furiosos debates en Francia. Allan Sokal es el mismo que le jugó el año pasado una mala pasada a la revista americana Social Text -sanctasanctórum de est as sectas- que le publicó como ciencia un artículo elaborado con la jerga, pero que contenía deliberadas y gruesas incorrecciones físicas, lo que fue objeto de una carcajada general en el mundo internacional del pensamiento.

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