Los dolorosos acontecimientos de Littleton hicieron que los Estados Unidos tomara conciencia de la necesidad de regular la televisión, para que los niños y los adolescentes no sean expuestos a la violencia que -como lo han probado estudios científicos por 40 años- los afecta en su salud mental, en sus emociones, en su desarrollo.
Así -como comentamos el pasado 16 de mayo-, una serie de empresas decidieron pautar sus anuncios solo en programas familiares. Inteligente decisión, no solo por la responsabilidad empresarial que significa no auspiciar la violencia, sino porque, como lo ha mostrado un reciente estudio realizado por el psicólogo Brad Bushman en la Universidad Estatal de Iowa en Ames, "ver en televisión películas con escenas de cierta violencia parece que produce amnesia publicitaria". Es decir, los anunciantes que auspician violencia no solo causan un enorme daño a los niños y a los adolescentes, sino que pierden su dinero porque los espectadores no logran recordar las marcas y detalles de los anuncios que salen en pantalla después de una película violenta; más bien, ante la agresión, el espectador no capta el mensaje del anuncio por tratar de calmarse.
Violencia y lenguaje. Ahora, en Argentina, el Defensor del Pueblo Dr. Jorge Luis Maiorano dirigió el pasado 8 de agosto un Informe Especial al Congreso en relación con "la falta de observancia de las normas de protección a los menores en la programación televisiva y de control por parte del Comité Federal de Radiodifusión (COMFER)", el organismo regulador. Tal documento se originó, entre otras cosas, por las "escenas de violencia que se transmitían durante el horario de protección al menor y los avances de películas programadas para la noche que se proyectaban previamente". Además de la violencia, el Defensor argentino promueve la regulación del lenguaje inapropiado y en el control en la televisión por cable de películas con temática para adultos en horario para niños.