Opinión

¿Partidos o facciones?

No se progresa con ocurrencias o prejuicios ideológicos

El concepto moderno de partido político aparece por primera vez con Edmund Burke, quien en l770 lo definió como "cuerpo de personas unidas para promover, con su común compromiso, los intereses nacionales a partir de un específico principio sobre el que todos están de acuerdo". Burke contrapuso el partido a la facción, que es solo "una lucha mezquina e interesada por la conquista de puestos y remuneraciones" .

Negación de la política. Partido no es, entonces, una organización para defender intereses particulares o de grupo. No basta tampoco la identificación del interés de grupo con el interés nacional, aunque eventualmente puedan estar de acuerdo, porque frecuentemente la invocación al interés nacional es solo una manera encubierta de legitimar el del grupo. Debe existir, por eso, una clara separación entre el interés nacional y el particular, aunque en una acción bien concertada todos alcanzan su equilibrio, porque el interés público consiste precisamente en eso. La facción es todo lo opuesto al partido político: su degeneración máxima y la política facciosa es la negación radical de la política como el arte de gobierno de la polis.

Costa Rica pudo alcanzar las sobresalientes cotas de desarrollo, que la han caracterizado hasta hace poco, porque, en una parte del siglo pasado, tuvo verdaderos partidos políticos que, con más o con menos defectos, lucharon por los intereses nacionales. Agotados y sin renovación esos partidos, solo queda su apariencia, que ahora cobija a sus maquinarias convertidas en facciones para la conquista del poder y sustentadas en un electorado dócil que, harto de la explotación de su buena fe, ahora se les rebela, y de ahí su alarma.

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