La democracia no es un concurso de simpatía, tampoco un espectáculo de índole electoral, ni una sucesión de movimientos de masas movilizadas por la propaganda. Más allá de tales instrumentos del sistema que a veces se apoderan del concepto es la participación real del pueblo en su propio gobierno, principalmente mediante el control de los representantes.
Sin embargo, ¿cómo lograr dicho objetivo, si en contra conspiran las limitaciones de la sociedad de masas y la complejidad de los asuntos públicos modernos? De la superación de estos dos grandes obstáculos depende la vigencia real de la democracia en los tiempos actuales, y con ella de la gobernabilidad, por la participación en las decisiones y la credibilidad del Gobierno.
Muy en particular en Costa Rica, que no ha digerido aún la transformación de la sociedad política en masa y cuyos instrumentos de comunicación de la información no transmiten todo el conocimiento necesario para que el gobierno del pueblo, en este sentido, sea una realidad. Tales son las dos grandes cuestiones que plantea la participación popular, y no las simplezas que normalmene se indican.
Espectáculo de márketing. La cultura política debe ser enseñada, como cultura que es, pero aquí se eliminó, tanto de la educación formal como de la práctica política. De los programas formales, porque la enseñanza de la vida ciudadana y del sistema de gobierno, en ignorante ocurrencia de los expertos en educación, fue eliminada del currículo; y de la vida pública, porque el discurso de los políticos abandonó su función educadora, al convertirse en espectáculo de márketing y en impostura, debido a la primacía de la imagen en la televisión.
Tal cosa ocurrió en el peor de los momentos, cuando las masas más lo necesitaban porque apenas accedían a la vida política. Esto las dejó inermes, con ideas absolutamente confusas e insuficientes del sistema político y sus mecanismos, de sus derechos y deberes , y de cómo ejercerlos. Porque no hay peor enemigo de la libertad que la ignorancia de las grandes masas, como bien lo señaló Fernando Savater en el eje central de su magnífica conferencia de la cátedra Enrique Benavides.
Por otra parte, sin información suficiente sobre los asuntos públicos ya de por sí complicados ese gobierno del pueblo no puede ser asumido. La evolución de los medios de comunicación hacia el espectáculo y el entretenimiento otra consecuencia de aquella sociedad de masas mal digerida ha cerrado espacios para el reportaje y el debate, ya que no se ha comprendido que podrían ser temas de gran espectáculo y entretenimiento, de ser planteados en forma clara y en sus elementos fundamentales. Si así fuera, serían un éxito de rating y de circulación, porque el pueblo de Costa Rica tiene una gran vocación política subutilizada, según muchos índices lo demuestran. Sin embargo, los expertos en mercadeo no lo advierten, ya que solo ven un ángulo, que confunden con el todo, y olvidan que una necesidad mal atendida crea su propia demanda. De nuevo los expertos hacen daño, acaparando equivocadamente grandes decisiones.
Manipulación y engaño. En ausencia de conocimiento y de información, en quienes con el voto tienen el poder en la democracia, se abrió el camino a la manipulación y el engaño, o a la presión de los grupos de interés que se atribuyen su representación. Así ha sucedido, en una forma u otra, mayoritariamente en las últimas décadas, y es uno de los factores importantes de la ingobernabilidad, en reacción a la percepción por el pueblo de su alienación del gobierno.
De manera que, con el retorno a estos dos caminos abandonados, debe empezar la participación popular que todos proponen. No hay que agotarse con espejismos, como la descentralización, que, aunque importante, es periférica. Para empezar, la descentralización es de la administración, no del gobierno. En Inglaterra, madre de la democracia, los municipios son una administración no gobierno local, porque solo eso pueden ser; y, por eso, nuestra Constitución los constituye en administaciones no gobiernos locales.
La participación real en el gobierno central y representativo en nuestro sistema solo puede ocurrir en presencia de aquellas dos premisas fundamentales, asistidas por una reforma electoral que otorgue las herramientas necesarias, como elección directa de diputados, elecciones de medio período, rendición efectiva de cuentas y otras medidas apropiadas que se han propuesto. De esta manera podrá existir la interiorización y credibilidad en las decisiones, necesarias para la gobernabilidad.