En la entrevista que le realizó a don Óscar Arias La Nación el domingo 19 de marzo, el Presidente electo se quejó de la dificultad de encontrar buenos ministros por los bajos salarios públicos. Tocó un punto importante pues en realidad no faltan recursos para pagar bien, sino que existe una resistencia a elevar los salarios ante a la ineficiencia del aparato público y la actual falta de controles sobre los resultados e impacto de su quehacer, como ordena el artículo 11 de la Constitución.
Para solventar esta situación, propongo que se incluya, en el presupuesto de la República del 2007, una partida de ¢40 millones anuales (o el equivalente a dos salarios anuales completos) como sobresueldo para cada Ministro rector que haya alcanzado resultados e impacto efectivo en su gestión, y no solo metas que se pueden acomodar al gusto del jerarca, de acuerdo al Plan Nacional de Desarrollo. Este sobresueldo se giraría en abril de cada año, una vez que una comisión tripartita (integrada por un delegado del Conare, otro de Conacoop y uno de las cámaras empresariales) lo considere pertinente sobre la base de las evaluaciones por resultados presentadas por Mideplan y el Programa Estado de la Nación.
Estímulo. Así, los ministros seguirían recibiendo el millón y medio mensual, pero tendrían como estímulo el doble de ese salario si cumpliesen con los propósitos institucionales. Se les pagaría por lo que hagan y no por estar sentados.
