Con este artículo continuamos la serie, iniciada el domingo 10 de enero de 1999, sobre temas cruciales para el país y el mundo
¿ Somos los ticos homogéneos o hay diferencias regionales relevantes? ¿Deben ser tomadas en cuenta estas diferencias en la aplicación de las políticas? ¿Cómo puede ser útil el conocimiento de estas diferencias en la acción concreta?
Pienso que la forma de organización empresarial prevaleciente en las regiones ha incidido, con el devenir del tiempo, en la configuración de la capacidad organizacional y de la cultura cívica de la población local. Por una parte, el nivel tecnológico y de divisiones sociales de trabajo contribuyen a formar los modelos mentales y el potencial organizativo de los trabajadores y gerentes. Por otra parte, el tipo y tamaño de la propiedad, así como la forma de gestión empresarial contribuyen a configurar a su vez las relaciones institucionales y los ámbitos de poder y participación en las comunidades y regiones.
Sobre la incidencia de las formas empresariales en los modelos mentales organizativos ha sentado cátedra Clodomir Santos de Morais, quien distingue cuatro tipos derivados de la experiencia laboral: a) El artesanal o autosuficiente, generado por la práctica de iniciar y terminar un proceso productivo de manera consecutiva. b) El obrero, generado por la gran empresa en procesos laborales con gran número de divisiones sociales del trabajo con disciplina y coordinación de las acciones. c) El semiobrero, generado por una actividad laboral que involucra actividades obreras y artesanales para producir un modelo híbrido. c) El lumpen o gente de todas las clases sociales a quien no le gusta trabajar.
Independientemente de que consideremos a esta tipología como suficiente o no, lo importante del aporte de Santos de Morais es que proporciona, además, un método de autocapacitación para ajustar los modelos mentales a las necesidades de la organización compleja. Por otra parte, en cuanto a la comunidad cívica, existe mucho material en la sociología norteamericana. El trabajo de Robert Putnam: Para hacer que la democracia funcione es particularmente interesante pues este autor, buscando una explicación para saber por qué algunas regiones italianas se habían desarrollado aceleradamente con la descentralización, mientras otras permanecían estancadas, descubrió la importancia estratégica de la comunidad cívica y del capital social para su éxito. Su descubrimiento condujo a que los organismos internacionales los consideren como desencadenantes del desarrollo económico y del progreso de las regiones y los países.
Para poder avanzar con propiedad en esta línea integradora de la capacidad organizacional y cívica, se requieren estudios de campo pero es posible sobre la base de la observación realizar una primera aproximación a los tipos de empresas históricos que perfile la utilidad de este tipo de enfoque.
Las cuatro regiones básicas
En la Costa Rica rural, matriz primigenia de nuestra cultura, tenemos cuatro tipos de empresas, cuya influencia ha marcado las regiones: 1) La pequeña y mediana empresa agrícola, de amplia participación en la economía mercantil, aglutinada principalmente alrededor de los cafetales y a la cual llamaremos cafetalera, aunque no siempre lo sea. ;2) la gran plantación moderna con amplia división social del trabajo, cuyo prototipo es la empresa bananera, aunque no todas se dediquen a esa actividad. 3) La hacienda ganadera extensiva tradicional, mejor conocida como hacienda guanacasteca. 4) las de producción de autosubsistencia, pequeñas y medianas fincas premercantiles alejadas de las vías de comunicación, que no participan o participan solo marginalmente de la economía de mercado. Ubicadas por lo general en zonas indígenas, de origen indígena o en sus cercanías.
Cada una de estas formas empresariales ha predominado en diferentes áreas del país fijando con su impronta las capacidades organizativas de la población local, el funcionamiento institucional y las culturas cívicas regionales. El concepto de región que utilizo no debe entenderse como una unidad geográfica homogénea empresarialmente, sino más bien que ahí prevalece una forma empresarial. De hecho, en la práctica coexisten diversas formas empresariales en las mismas regiones, aunque una de ellas sea la que define la vida económica, social y política. La determinación del tipo de región se convierte en un factor estratégico para el diseño y la aplicación de políticas de desarrollo y de inversiones.
Las empresas familiares
Estas empresas de tipo cafetalero demandan mucha mano de obra, especialmente familiar. Es más bien moderna, inmersa en la economía mercantil. A través de relaciones mercantiles, se abastece de insumos y coloca sus productos participando indirectamente de la división social del trabajo. Este tipo de empresa familiar y mediana sobrevive gracias al tipo de tecnología productiva y de gestión que les permite competir en productividad, sobre todo en el caso de los medianos frente a los grandes productores. Aunque no es una empresa tan autosuficiente como las de subsistencia, es una empresa artesanal en la medida en que el propietario y su familia realizan todo el proceso productivo, que requiere de capacidad de organización autosuficiente de parte de su propietario. Este debe ser capaz de analizar la situación, tomar decisiones operativas y administrativas, así como mercadear el producto. Esta capacidad de organización es individual y autosuficiente tanto en el análisis de la situación como en la ejecución del trabajo. Por eso, los modelos mentales organizativos que genera producen serios problemas en la gestión y ejecución cuando son trasladados a empresas con amplia división social del trabajo. No obstante, debe señalarse que la empresa familiar cafetalera genera también la transferencia de mecanismos de análisis, cálculo y mercadeo que pueden ser de utilidad en la administración de otro tipo de empresas con mayor división social del trabajo.
Se considera que estos modelos mentales organizativos también valoran y estimulan la laboriosidad como una virtud. Por eso, la incorporación de un trabajador o empresario con estos modelos mentales es una adquisición valiosa en empresas pequeñas o medianas. En cambio, si se le incorpora como socio y trabajador de una cooperativa de producción con amplia división social del trabajo, requerirá de un ajuste.
En cuanto a la capacidad de participación cívica y el potencial de capital social, las regiones cafetaleras presentan muy buenas condiciones. En las comunidades los pequeños y medianos productores tienen un peso significativo y se caracterizan por una vida cívica más participativa. Como propietarios de sus viviendas y también de sus negocios, tienen un peso específico importante y un interés activo en los asuntos comunales. Los servicios de agua, electricidad, recolección de basura son asunto de la comunidad donde los propietarios tienen incidencia directa. La afiliación a cooperativas de industrialización del café y de comercialización es muy significativa en el país.
La palabra y la confianza desempeñan un papel relevante en las relaciones sociales y comerciales. Existe un importante grado de solidaridad social. En gran medida se trata de un interés individual bien entendido en palabras de un campesino lechero: "Prefiero regalarles todas las semanas el queso a los hijos de la viuda, porque así los niños no estarán tentados a robar mis terneros".
Desde luego, no todas las regiones "cafetaleras" son iguales ni prósperas. En zonas donde predomina el minifundio y el proceso de ruina del pequeño productor se ha acelerado, se presenta lo que podríamos llamar región cafetalera de "bajo perfil". En esas zonas o regiones predomina un individualismo egoísta que conduce en su evolución urbana a lo que podríamos llamar el "tico feo" o "tiquillo". Los productores viven en un ambiente de desconfianza y recelo. Esta convierte a los pueblos pequeños en "infierno grande". La comunidad cívica desaparece y florece el clientelismo político que incuba a mediano plazo un clima para la corrupción, la mafia y la delincuencia.
La empresa bananera
Esta forma empresarial surgió inicialmente en "espacios vacíos", o sea, en áreas de la selva tropical casi deshabitadas anteriormente. Estas empresas surgieron como "enclaves" para abastecer de frutas a las grandes ciudades del mundo desarrollado. La alta tecnología y una amplia división social del trabajo han sido características de la producción bananera desde sus inicios. Quizás ninguna otra actividad agrícola en el mundo tenga tantas divisiones sociales del trabajo como la producción bananera. Sus obreros son altamente especializados y han demostrado una gran capacidad de organización cada vez que realizan una huelga para defender sus intereses.
Los trabajadores bananeros fueron originariamente una población desarraigada, procedente de diversas regiones del país y de otros países centroamericanos. Los centros poblacionales fueron diseñados y construidos por las compañías pensando solo en las necesidades de la empresa. Las viviendas eran de la empresa y los trabajadores podían ser trasladados de finca y de vivienda. El mantenimiento de las viviendas y los servicios básicos como la recolección de basura, el abastecimiento de agua y, más tarde, de luz eléctrica fue realizado por la empresa. Cuando algún servicio no funciona bien, los trabajadores se dirigen al departamento respectivo de la empresa o le piden directamente al sindicato o asociación que lo incluya en el pliego de peticiones o en la convención colectiva. La comunidad no tiene, pues, muchos motivos para organizarse y resolver directamente los problemas locales. Cuando los problemas son regionales se unen a las organizaciones de productores y comunales para locales para formar el "comité de lucha", es decir, crean una organización de presión sobre el gobierno o la compañía para resolver determinado problema. Transfieren de esta manera la forma de presión sindical al ámbito regional.
En este tipo de regiones se configuran modelos mentales organizativos propios de obreros acostumbrados a la disciplina y división social del trabajo. Altamente eficientes para configurar organizaciones complejas, pero frecuentemente carentes de visión de globalidad del proceso productivo y de experiencia en gestión. La comunidad cívica no tiene como meta la resolución directa de sus problemas.
La hacienda ganadera
Se trata de una explotación ganadera muy extensiva y con muy bajo nivel técnico. Son resabios de latifundios coloniales que participaban poco en la economía mercantil porque vivían de la servidumbre endógena.
Requiere muy pocos trabajadores, la actividad no es muy técnica y tiene muy pocas divisiones sociales del trabajo. Existen distancias sociales importantes entre dueños y trabajadores. Los dueños tienen reminiscencias señoriales y el trabajo físico no goza de prestigio ni es una virtud en su clase. Los trabajadores o peones que viven en la hacienda se encuentran en relación de semiservidumbre o son minifundistas de autosubsistencia. Producen unos pocos artículos de consumo familiar insuficientes para su supervivencia y deben complementar sus ingresos como asalariados. El nivel organizativo es bajo, y el trabajo, poco diversificado, no aporta grandes estímulos ni retos para el conocimiento. Dentro de la hacienda los peones deben abastecerse de sus propios servicios, tomar el de agua del pozo, recoger su basura, etc.
Las candidaturas a diputado y munícipes son propuestas y financiadas de manera directa por los terratenientes. Estos últimos, una vez establecido el gobierno local, deciden casi todos los nombramientos. La participación de la comunidad en la vida cívica se limita a las fiestas religiosas y populares. Las iniciativas comunales surgen y prosperan cuando parten de los terratenientes o de las autoridades locales.
Producción de autosubsistencia
La empresa de autosubsistencia se caracteriza por un rudimentario nivel tecnológico y por estar fuera o en la lejana periferia de las relaciones mercantiles. En ella se generan casi todos los productos que consume la familia. Los excedentes producidos son cambiados por productos de otras regiones o trocados por ropas y herramientas en las pulperías más cercanas. La empresa de subsistencia tiene su origen en las comunidades indígenas y fue estimulada también por la falta de mercados durante el período colonial.
La empresa de autosubsistencia es la más artesanal y autosuficiente de las empresas campesinas. Por lo general, no tiene horario, sino que su referencia temporal son los movimientos del Sol y las estaciones del año. Sus modelos mentales organizativos corresponden mejor a la descripción de la mentalidad artesanal realizada por Santos de Morais que la mentalidad del campesino inmerso en relaciones mercantiles. Se le reconoce también por su relación especial con el dinero ya que este solo le interesa cuando necesita comprar algo que no tiene. Por ejemplo, cuando se vende su mano es para comprar el "diario" familiar o algún instrumento o herramienta que le hace falta. Trabaja solo mientras reúne el dinero necesario para comprar lo que necesita, después deja el trabajo y regresa a su actividad. Por eso algunos patronos se sienten defraudados cuando les aumentan el sueldo a sus trabajadores pensando estimularlos y estos dejan el trabajo apenas tienen el dinero necesario para comprar lo que necesitaban.
La comunidad cívica de este tipo de comunidades tiende a ser muy reducida, dispersa en grandes áreas. Se dan importantes niveles de cooperación mecánica como la "mano vuelta" o sea la ayuda recíproca en la recolección de la cosecha o en la construcción de la vivienda. Cuando se trata de poblaciones indígenas, la cooperación se basa en normas y valores propios. Tanto en el caso de los indígenas como de otros campesinos existe un nivel de recelo y desconfianza, que no carece de sustento, hacia el mundo externo de relaciones mercantiles. Aunque en las zonas de colonización es posible encontrar campesinos tipo cafetalero que han asumido temporalmente formas de autosubsistencia, esto no es un fenómeno permanente que genere modelos mentales y culturales de esta naturaleza. Desde luego que estos modelos mentales deben ser tratados como ideales. Esto es, como prototipos muy útiles para el análisis y planeamiento de estrategias, pero difícilmente se encuentran puros. De hecho el país viene afrontando un profundo proceso de cambio desde hace medio siglo que ha transformado las regiones y zonas del país. No obstante, pienso que la referencia a estos modelos es muy útil para:
a) Superar los prejuicios y las interpretaciones fáciles, entender las raíces del comportamiento cívico y las vías y condiciones necesarias para el desarrollo del capital social.
b) Comprender el fracaso de proyectos institucionales diseñados al margen de las características organizativas y cívicas existentes.
c) Diseñar políticas que aprovechen las ventajas organizativas existentes.
d) Desarrollar procesos de capacitación organizativa y ciudadana que desencadenen la participación y el desarrollo regional.
Queda por delante avanzar sistemáticamente por este camino que tanto promete.