Opinión

Mediocridad educativa por 30 años

Nuestro edificio educativo reposa sobre bases falsas

Hace treinta años, una tendencia que venía desde atrás, tomó las riendas del poder educativo y le dió al sistema una orientación basada en la primacía de lo práctico y del facilismo, con miras a una supuesta preparación para la vida real como eje del sistema. Concibió simultáneamente la enseñanza como si los métodos, y no el conocimiento del educador, fueran lo importante y estableció que la significación inmediata de la materia, y no su valor intrínseco, sería el criterio de selección curricular. Además , por “vida real” entendió, y sigue entendiendo, el pasado agrícola y de industria primitiva, no el futuro cada vez más exigente en el conocimiento. O sea, lo “práctico” e inmediato por encima del ser, de la realización personal como ser humano.

Desestimó, por tanto, lo académico: ya no resultaba útil entender y dominar las disciplinas matemáticas como tales, sino lo necesario para las actividades diarias o laborales; ni tampoco el conocimiento del idioma para hablar y escribir bien, porque lo importante era “comunicarse”, aunque fuera descuidadamente o a base de interjecciones; ni tampoco tener un conocimiento ordenado y bien estructurado de las ciencias naturales y sociales, porque lo importante era estar informado –como si conocimiento e información fueran la misma cosa– y con ese objeto mezcló la enseñanza de las distintas materias, lo que impide transmitir las estructuras completas de cada disciplina, sin lo cual no se entienden, aunque se memoricen.

Prohibición de enseñar más. Como parte de la supuesta practicidad de lo enseñado, en ciencias sociales se limitó el conocimiento a lo local o regional, y en literatura a lo nacional o regional. En lo político se perdió el estudio preciso del sistema , cuya ausencia impide la capacidad crítica e inhabilita como ciudadano, y de ahí la actual crisis de lo político.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌