Opinión

Lo demás son cuentos

Evaluación, transparencia y participación

Evaluar el impacto de un programa o proyecto es, en lo fundamental, valorar si existe o no un aporte a los propósitos finales o parciales de la política.

La evaluación por metas no puede considerarse necesariamente un logro político. Por ejemplo, se pueden repartir 15.000 bonos escolares, según el plan, para evitar la deserción y elevar el nivel de escolaridad; sin embargo, este hecho no garantiza, por sí, el logro del propósito político. Es preciso conocer si, con la entrega de los bonos, efectivamente se redujo la deserción escolar y se elevó el nivel de escolaridad. Si no se nota una reducción equivalente en la deserción escolar o una elevación del nivel de escolaridad, podría ser que el programa no se esté administrando bien, porque se están desviando los recursos hacia quienes no lo necesitan, o que el programa no sea efectivo para las metas deseadas.

El llamado combate a la pobreza, que consume decenas de miles de millones de colones, tampoco puede medirse por la cantidad de "diarios" o bonos repartidos. Sus resultados deben ser medidos en una reducción de la cantidad y calidad de la pobreza. De la misma forma, no se puede medir la eficacia de la justicia solo por el número de juicios realizados o el tiempo de permanencia en prisión previo al juicio. Es imprescindible tomar en cuenta, también, factores como el porcentaje de delitos que permanecen impunes y afectan el ejercicio de la justicia ante la población.

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