Opinión

Licitación ¿estorbo o necesidad?

Ninguna ley mala puede producir buenos resultados

Como principal motivo para convertir en "empresas" a las instituciones autónomas, se aducen las demoras interminables para contratar, del régimen de licitación pública. Pero esta condición patológica, que ciertamente existe, no es producto en sí de dicho régimen, sino de otras condiciones agregadas que son las verdaderas causas de los atrasos interminables.

Me refiero, por una parte, a la manipulación de los carteles para favorecer a determinados oferentes, y por otra a exigencias confusas, contradictorias o innecesarias de aquellos, resultantes de inercias no revisadas durante muchos años. Al ser el cartel la "ley de la licitación", si es mala el régimen sufre, no por la ley en sí sino por su mala concepción, o por el "chorizo" para el que fue armada, situación desgraciadamente muy frecuente. Ninguna ley mala puede producir buenos resultados.

Pero el cartel como ley depende de la voluntad de la administración, que la puede cambiar y hacerla buena si quisiera. Por lo que la situación es responsabilidad de los mismos administradores que se quejan de que la licitación pública no los deja hacer nada. Por eso, al contrario de lo que se dice, las apelaciones y discusiones interminables no son generalmente producto de la maldad de los excluidos, sino de la defensa legítima de éstos contra la arbitrariedad, el descuido y la mala fe.

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