Falleció recientemente en Ciudad Guatemala el ingeniero Leopoldo Sandoval. Guatemalteco de nacionalidad, latinoamericano de mente y corazón. Como director del Programa de Reforma Agraria para Centro América y el Caribe, del IICA, en los setenta, cuando el director de ese instituto era Emilio Araujo, promovió activamente una reforma agraria basada en la organización y participación autónoma de los campesinos.
Eran tiempos de gran protagonismo y participación activa del IICA en la vida institucional y política latinoamericana, donde predominaba una visión de futuro y una gran calidad técnica y compromiso en el personal institucional. Se buscaban las mejores prácticas y se procuraba reproducirlas.
Entusiasmo y compromiso. Esta actividad logró prender el entusiasmo y compromiso de un sector importante de jóvenes, el tema agrario y campesino. Procurando evitar la violencia rural que se avecinaba al iniciarse los setenta, don Leopoldo organizó seminarios con empresarios, militares, académicos y religiosos en todo el continente concentrándose en su querida Centro- américa.
Promovió la formación de técnicos en la experiencia de la exitosa reforma agraria hondureña basada en la Capacitación Masiva de los setenta, incluyendo profesionales de nuestra Universidad Nacional, en la época del llamado “herediocomunismo” que jugaron un papel relevante en la región. En su labor incansable promovió activamente, arriesgando a menudo su puesto, proyectos donde pudieran converger los intereses de la izquierda y el centro en el desarrollo de empresas asociativas y cooperativas en los asentamientos de reforma agraria en países como El Salvador. Procuró siempre encontrar un camino pacífico que integrara intereses y alejara la espiral de violencia que se cernía sobre Centro- américa y que finalmente por miopía e intolerancia se desató.
Cuando el IICA cambió de rumbo, siguió su labor desde la FAO como subdirector de Reforma Agraria para América Latina promoviendo las formas asociativas de producción y el derecho a la organización autónoma de los asentamientos campesinos. Finalmente ya pensionado, como ciudadano entregó un aporte valioso en la elaboración y negociación del Plan de Paz de Guatemala.
Llamado en el año 2000 por el entonces presidente de Guatemala, para desempeñarse como ministro de Agricultura, organizó de inmediato, con la participación de Clodomir Santos de Morais, premio de los Derechos Humanos por reducción de la pobreza en Brasil, la formación de un destacamento de 50 técnicos en Desarrollo Comunitario y 908 auxiliares de Inversión, y la preparación de un plan nacional para la reducir la pobreza y generar empleo.
Apoyo a la democracia. A los seis meses, después de la formación de este equipo de desarrollo, fue removido del cargo por no permitir que el banquero del Presidente siguiera manejando sin controles los fondos del Ministerio. Como ciudadano de “a pie” siguió apoyando la transformación agraria y el desarrollo democrático de su país hasta el día de su muerte.
Su lucha no fue en vano, a pesar de los traspiés encontrados, hoy en día el tema de la producción campesina de alimentos básicos retoma actualidad. Los problemas de la inseguridad alimentaria mundial la colocan de nuevo sobre el tapete. En parte debido al ritmo vertiginoso con que ha duplicado el consumo de carne en la India y China (producir cada kilo de carne requiere 7 kilos de cereales) durante los últimos veinte años y por el uso de estos para la producción de biocombustibles.
En la región donde un porcentaje considerable de la alimentación de la población depende de la producción campesina, este tema se vuelve crucial si tomamos en cuenta el envejecimiento de la actual generación de productores y al éxodo de sus hijos a las ciudades por falta de estímulos y servicios en las zonas rurales. Solo que les corresponde a las nuevas generaciones impulsar las transformaciones que la época necesita.