Opinión

La solución soy yo

Hacerlo todo excede la capacidad del más genial

Ante las pérdidas del seleccionado brasileño, en el que no se pudo alinear por estar lesionado, Romário dijo: "La solución soy yo". Lo mismo dicen quienes aquí pretenden ser presidentes, aunque, a diferencia de Romário, la mayoría funda la oferta en su propia propaganda, sin haber demostrado antes con hechos su capacidad para el cargo.

Sin embargo, la conducción de un país, aunque a veces se haga con los pies, demanda bastante más que para ser centro delantero. Requiere conocimiento e ideas, realismo y habilidad para interpretar las circunstancias y encontrar las soluciones, confianza e integridad para recibir apoyo, capacidad para formar y dirigir un equipo idóneo y generar liderazgo en torno a un proyecto compartido de país y, finalmente, para formar acuerdos políticos eficaces que lo instrumenten.

Sueños de poder. Es difícil que tantas cualidades las tenga una sola persona en el grado necesario. Por eso el presidente debe ser el intérprete de su generación y el líder de un grupo amplio de gobierno. Debe tejer el juego y saber hacer pases, no creerse el dueño de la bola, juguete de sus sueños de poder. Como grupo, bajo la batuta del presidente –que debe tener la sabia humildad para reconocerlo– se pueden reunir dichas cualidades y prevenir los errores porque, si bien una persona sola puede fácilmente equivocarse –y arrastrar en su error al país entero–, varios o muchos, no.

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