Opinión

La salvación somos todos

Para que Costa Rica se renueve

Contrariamente a los políticos que, como Romário, dicen: "la salvación soy yo", la salvación del desastre político que azota a la patria no está en nadie en particular, sino en todos. Ya es hora de librarnos del paternalismo, tan arraigado en la psique colectiva, que nos impulsa a buscar un caudillo que se encargue del Estado y sea la solución de nuestros problemas.

Nadie por sí solo podría sacar tan enorme tarea. No existe en el mundo una persona con todas las cualidades necesarias. Los que sí existen, por todas partes, listos para tomar las posiciones de poder, cuando la conciencia de lo que aquí digo saque de ellas a la inepta y explotadora clase política que las detenta, son dos elementos fundamentales: una clase educada con los conocimientos y la conciencia necesaria y un pueblo con la capacidad creadora necesaria para asumir su propio gobierno.

Malentendido individualismo . Pero falta el "espíritu cívico" que la estúpida educación pedagogista mutiló atrozmente durante generaciones, a las que privó de los conocimientos necesarios para la acción cívica –al menos en el grueso de la población– y que un malentendido "individualismo" mantiene subdesarrollado en el costarricense medio. El "espíritu cívico" es ese interés activo por el gobierno y la participación en las cosas públicas y el gobierno, de la comunidad, que en los países anglosajones es el substrato esencial de su democracia. Como dijo Vargas Llosa en esta página, tras las viejecitas británicas que salen a protestar con cartelones contra Blair, cada vez que hace algo que no les parece, está la esencia de la democracia. En el mismo sentido, y en su proyección económica, las investigaciones recientes de Robert Putnam demuestran concluyentemente que la diferencia entre la Italia del norte y la del sur es esa capacidad de trabajar en grupo, asociarse e interesarse por las cuestiones públicas y sociales, que es otra modalidad de lo que aquí denomino "espíritu cívico".

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌