Contrariamente a los políticos que, como Romário, dicen: "la salvación soy yo", la salvación del desastre político que azota a la patria no está en nadie en particular, sino en todos. Ya es hora de librarnos del paternalismo, tan arraigado en la psique colectiva, que nos impulsa a buscar un caudillo que se encargue del Estado y sea la solución de nuestros problemas.
Nadie por sí solo podría sacar tan enorme tarea. No existe en el mundo una persona con todas las cualidades necesarias. Los que sí existen, por todas partes, listos para tomar las posiciones de poder, cuando la conciencia de lo que aquí digo saque de ellas a la inepta y explotadora clase política que las detenta, son dos elementos fundamentales: una clase educada con los conocimientos y la conciencia necesaria y un pueblo con la capacidad creadora necesaria para asumir su propio gobierno.
Malentendido individualismo . Pero falta el "espíritu cívico" que la estúpida educación pedagogista mutiló atrozmente durante generaciones, a las que privó de los conocimientos necesarios para la acción cívica al menos en el grueso de la población y que un malentendido "individualismo" mantiene subdesarrollado en el costarricense medio. El "espíritu cívico" es ese interés activo por el gobierno y la participación en las cosas públicas y el gobierno, de la comunidad, que en los países anglosajones es el substrato esencial de su democracia. Como dijo Vargas Llosa en esta página, tras las viejecitas británicas que salen a protestar con cartelones contra Blair, cada vez que hace algo que no les parece, está la esencia de la democracia. En el mismo sentido, y en su proyección económica, las investigaciones recientes de Robert Putnam demuestran concluyentemente que la diferencia entre la Italia del norte y la del sur es esa capacidad de trabajar en grupo, asociarse e interesarse por las cuestiones públicas y sociales, que es otra modalidad de lo que aquí denomino "espíritu cívico".
Por eso, en ese espíritu cívico está la clave de nuestro renacer político en lo económico para que Costa Rica salga del cascarón político que la aprisiona y sofoca y se convierta a corto plazo en el primer país desarrollado de Latinoamérica. La clave para que el "milagro asiático" de Hong Kong, Singapur, Taiwán y Corea se repita en la América tropical. Porque, como pasa con la diferencia entre las dos Italias, lo que explica la riqueza y el desarrollo del norte es esa capacidad de asociación y de trabajo en grupo, que en su proyección política se llama "espíritu cívico.
Si algo llama la atención en las circunstancias presentes es que, teniendo Costa Rica tantas ventajas potenciales, vaya tan rápidamente en reversa. Si está la riqueza humana de base, obviamente algo necesario para que produzca y se manifieste está funcionando mal o no esta funcionando del todo. Ese algo es ese "espíritu cívico".
Paso esencial . Entonces, si es tan importante, ¿qué hacer para que se manifieste? Para mí, el primero y más esencial de los pasos porque, al restarle credibilidad y poder a la clase política, la obligaría a las reformas estructurales necesarias para los siguientes pasos le corresponde a la prensa, en la forma de los espacios necesarios para ahondar en todos los negocios y asuntos públicos, de los que ahora, por falta de esa ventilación pública, solo se conoce lo que la propaganda interesada y los funcionarios quieren que se sepa. La información, que hasta los lugares comunes repiten que es la clave de la nueva sociedad, debe llegar a todos los niveles para que el pueblo costarricense deje de ser manso y domesticado y exija ética, calidad y responsabilidad. Mientras el pueblo no advierta, mediante la exhibición de las evidencias, cómo han abusado de su rusticidad y buena fe, no se podrá generar el cambio necesario.
Mediante ese renacer, en un movimiento de abajo hacia arriba, como reacción en cadena de todas las fuerzas de la sociedad, y por la vía democrática e institucional del voto, Costa Rica se renovará y se deshará de los cadáveres insepultos de las estructuras políticas que actualmente la ahogan.