Opinión

La miseria fabricada

El asistencialismo genera dependencia y discapacitación

¿Se puede hacer el mal queriendo o diciendo hacer el bien? Sí, cuando no existe profesionalismo en la aplicación de la política social y no se evalúa su impacto.

La asistencia social, cuando el sistema de seguridad social es débil o no cubre a todos los ciudadanos, es necesaria de forma permanente para atender algunos sectores de la población que, por edad o incapacidad, ya no pueden valerse por sí mismos y están en condiciones de pobreza.

También se requiere asistencia social, aunque solo temporal, para atender a las víctimas de algún desastre natural o colapso económico. La solidaridad social exige la atención de la emergencia, mientras las personas se recuperan y están en condiciones de emprender de nuevo una actividad que les genere sustento propio. Pero toda prolongación de la asistencia, más allá de estos parámetros, se convierte en asistencialismo, una deformación perversa de la asistencia, que no resuelve los problemas de pobreza que se pretende superar o mitigar con recursos públicos y que genera dependencia y discapacitación.

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