Opinión

La meta posible

Hacia la reforma electoral debemos dirigir nuestros esfuerzos

¿Cambio en Costa Rica? Que va, dicen algunos, somos demasiado conservadores, nos quedamos alhelados, nos falta iniciativa, estamos domesticados. ¿Tienen razón quienes así opinan? Diría, que precisamente por conservadores, o quizás más precisamente tradicionalistas, es que el cambio, esto es, la renovación de nuestro Estado y de las relaciones en nuestra sociedad se hacen cada vez más viables y cercanas. ¿Cómo es eso, no hay una contradicción en esta afirmación? No, la toma progresiva de conciencia de que vamos sin rumbo, en ruta de colisión, hacia una explosión social, es la que está generando las condiciones para el cambio.

El sentido de peligro es el que mueve a buscar alternativas y opciones que canalicen el cambio, den espacio a las iniciativas y rumbo a la sociedad. La sensación de estar frente a un peligro creciente es compartida, cada vez, por sectores más amplios de la población. El estancamiento, la descomposición social, la corrupción creciente y palmaria de los políticos, son vistos como evidencia de una causalidad mayor o como causas generadoras del peligro.

Búsqueda de opciones. No hay consenso en cuanto a las causas. Unos las ubican en la Biblia, otros en la falta de hombres "como los de antes" y algunos, con una visión sistémica, en un agotamiento de la organización del Estado, pero todos tienden a coincidir en que se aproxima un peligro creciente y que hay que ver cómo mitigarlo. Quienes están convencidos de que se aproxima el fin del mundo o algún otro tremendismo inexorable se refugian en los ritos santos o satánicos, pero la mayoría preocupada está con los oídos atentos, no a las promesas de los políticos -que desearía creerlas si no hubiera tantas evidencias sobre su inconsistencia- sino a las nuevas interpretaciones, aunque sean no tradicionales, que perfilen un camino de salida.

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