Opinión

La máquina de la muerte

En este país todo el mundo hace lo que le da la gana, ante la mirada inane de las autoridades

En La Nación del 14 de enero. Un remolque cargado de 20 toneladas de arena, más las 20 de la tara o peso propio, 40 toneladas de muerte, conducidas a gran velocidad por un individuo a quien no le importan los demás, se estrella contra vehículos que hacen un alto, y mata a una familia de cuatro personas, aplastada por el bólido de muerte en su vehículo liviano contra un autobús con decenas de personas adentro, varias de las cuales resultan heridas.

Este espectáculo horroroso es a diario, aunque no siempre se produce el accidente. En las más, por las solas reglas de la estadística, la tragedia se evita por un pelo. Porque todo el mundo hace lo que le da la gana en este país, ante la mirada inane de la ley y de las autoridades, que no hacen –cuando deben hacer– todo lo que les da la gana, sin que nadie les pida cuentas. Ahí cuarenta toneladas de muerte conducidas como si fueran la única de un vehículo liviano, y además temerariamente; allá Alterra que casi cuatro años después se sigue burlando de la ley, de la Contraloría y de los intereses del país, con el aeropuerto como rehén, sin que el MOPT cumpla con su deber ; acullá los contaminadores de las fuentes de agua potable que bebe la población, infestándolas impunemente ante la mirada supuestamente estólida, pero en realidad cómplice de quienes deben impedirlo y no lo hacen.

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