Opinión

La mala sombra

Partidos nacionales no deberían tomar parte en comicios municipales

Las administraciones locales o municipalidades no levantan cabeza principalmente por dos razones. Primera, porque pese a que sus intereses son locales y diferentes, están amarradas como satélites a la política nacional, donde son comparsas que mueven las correas de transmisión del poder de base clientelar de los partidos nacionales, lo que inevitablemente perjudica los intereses locales, que pasan a un segundo plano.

Dado lo puramente local y administrativo de las funciones que les corresponde a las municipalidades, tal circunstancia resulta igual de absurda como si todas las organizaciones de la vida civil, que igualmente gestionan intereses especializados, se integrasen y dirigiesen en función de los partidos políticos nacionales, y no de su núcleo propio de intereses. Por eso, y para evitar tan profunda distorsión que disloca toda la función municipal, debiera más bien estar prohibido que en las elecciones de munícipes y alcaldes participen los partidos nacionales.

Así lo capta el elector, según lo demuestra el éxito que en la reciente elección de alcaldes, tuvieron algunos partidos locales en comunidades pequeñas, que se centraron de una manera creíble en lo local; en cambio, los otros convocaron para elegir el agente local del partido y por eso obtuvieron abstención masiva o repudio.

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