Opinión

La licitación financiada

La concesión de obra pública no es la panacea

Juan José Sobrado Ch.

Se dice erróneamente que hacerlas bajo el sistema de concesión de obra pública, es la solución al actual problema de desfinanciación y de ineficiencia de la construcción directa de obras públicas por el Estado. La idea es atractiva en un primer momento, pero al examinarla aparecen sus inconvenientes.

Como todas las generalizaciones encierra parte de verdad y parte de falsedad, porque la concesión de obra pública puede ser útil en obras de desarrollo complejas, como el desarrollo integral de puertos o aeropuertos, o de zonas turísticas como Papagayo, en que el Estado por su misma naturaleza carece de la agilidad y flexibilidad necesarias para realizar estos desarrollos, que requerirían múltiples licitaciones; pero no en relación con obras específicas de una sola licitación como carreteras o puentes, porque, para remediar la falta de recursos, está el sistema de licitación financiada y no se gana flexibilidad con recurrir al sistema de concesión porque de todas maneras hay que hacer licitación para adjudicarla. Y finalmente, porque tampoco se necesita al concesionario para desarrollarlas y operarlas, y su presencia más bien crea problemas serios.

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